La confianza es un elemento fundamental para todas las instituciones del Estado.
Particularmente el árbitro de las elecciones debe contar, para hacer bien sus funciones, con la certidumbre ciudadana de un desarrollo del proceso electoral apegado a la ley en todas sus etapas.
El contexto a menos de un año de la elección más grande de la historia de nuestro país y de dos meses del inicio del proceso electoral federal, vuelve muy complejo materializar esa premisa.
La desconfianza permea de tal forma el tejido social que los órganos del estado –sean estos autónomos o gubernamentales-, son severamente cuestionados, con razón o sin ella, con información o rumores, pero no escapan al escepticismo popular.
Un reto de la magnitud que entraña la elección del primero de julio de 2018 requerirá no sólo de la coordinación y efectiva ejecución de tareas por parte del INE y las autoridades electorales locales, sino principalmente del concurso de los ciudadanos de este país.
Sería impensable un proceso electoral, su organización, su vigilancia, su viabilidad en general, sin la participación de la gente; ese es su principal activo, su elemento de mayor solidez.
Y es aquí donde encuentran su punto de convergencia confianza y elecciones.
La forma más sana de abordar este binomio sería abonar la primera hacia las segundas y asumirlo como un reto cuyo resultado contribuiría a la gobernabilidad democrática del país.
Pero ¿Cómo hacerlo? ¿De qué manera conseguirlo en un momento de profundo desencanto social hacia todo lo que incide en el espacio público? ¿Cómo, en medio de un mal humor colectivo como el de nuestra sociedad, hacer que el ciudadano confíe en que la organización de las elecciones se hace conforme a principios, bajo estrecha vigilancia de muchas fuentes y con la participación fundamental del ciudadano?
Algunas ideas:
- Caja de cristal. Trasparentar todas las decisiones de las autoridades electorales en todos los ámbitos, salvo los reservados por la ley, al escrutinio público.
Con base en el principio rector de Máxima Publicidad, actuar de manera proactiva para que el ciudadano tenga acceso a todos aquellos elementos que le permitan una opinión informada de los hechos.
- Difusión. Aprovechar espacios en radio y televisión, redes sociales y medios de amplia cobertura para hacer masivamente pública información que difícilmente es conocida y que explicada mediante infografías o medios de fácil acceso haría del conocimiento de la sociedad que las elecciones son fundamentalmente un ejercicio cívico que se robustece por la participación, en todas sus fases, de los ciudadanos.
Debe ser mayormente conocido que son los ciudadanos quienes reciben y cuentan los votos de sus vecinos, que para ser funcionarios de mesa directiva fueron previamente sorteados y capacitados y que los resultados de cada casilla pueden verificarse en internet para establecer su concordancia.
- Observación electoral. Incentivar la participación de un mayor número de observadores electorales que verifiquen, no sólo durante el día de los comicios, sino durante todo el proceso electivo, que los órganos electorales cumplen su función con apego a la ley o, en su caso, denuncien lo contrario.
- Integración de mesas directivas. El diseño legal de nuestro sistema electoral establece un procedimiento muy complejo para designar a los ciudadanos que participarán como presidente, secretario o escrutador en una casilla.
Al final del día, son ellos quienes reciben, previa capacitación para tal tarea, cuentan y sancionan los votos que emitimos.
En su designación no hay, no puede haber excepciones. Se sigue el camino que marca la ley.
Publicitar con especial énfasis este hecho permitirá a la sociedad saber que no son los OPLEs o el INE, sino los ciudadanos sorteados la máxima autoridad el día de las elecciones.
- Compra y coacción del voto. Dejar muy claro en las comunidades vulnerables a este tipo de delitos electorales que una de las características del sufragio es su secrecía, por lo cual el ciudadano no debe dejarse influir en su preferencia electoral más que por su conciencia y convicciones.
Lo importante en esta tarea es que el ciudadano participe convencido y con la confianza del respeto al sentido de su voto.
Vocal Ejecutivo del INE en Puebla
Marcos Rodríguez del Castillo


























