Una idea criticada por muchos, pero que a final de cuentas muestra la solidaridad de las personas.
Después de que el sismo del pasado septiembre destruyera no solo viviendas, sino también 140 escuelas de la región de Juchitán, una madre tuvo una idea un tanto peculiar. Convertir el bar Coco Bongo, en una escuela por las mañanas.
Carlos Antonio López, propietario del negocio, , señaló que la idea inicial fue de su esposa, Nelmi Roselis, la cuál estaba preocupada por su dos hijos, quienes seguían sin reanudar clases después de un mes del temblor.
“Primero pensó en contratar maestros para los niños y luego dijo que podrían ayudar a los demás niños sin clases ni escuela” mencionó.
Con el apoyo de los vecinos, solicitaron a los maestros a través de Facebook y a un mes del terremoto ya estaban trabajando con ellos.
El “salón de clases” cuenta con 30 sillas de madera, 10 mesas y un pizarrón. Esto en un espacio de 10 metros de largo por 8 de ancho con un techo de lamina y dos paredes de concreto.
El restaurante-bar, ahora convertido en escuela, inicio con unos 18 alumnos, ahora alberga a 35 niños y niñas entre 5 a 12 años. Estos cuentan con una maestra de educación básica, un maestro de pintura, un psicólogo y un maestro de inglés.
Aunque esta idea ha sido criticada, el dueño del bar afirma que “Uno ayuda con lo que tiene y ponemos nuestro apoyo y hasta nuestro dinero porque pedimos 5 pesos de cooperación por niño para el desayuno y no alcanza, pero ya nos metimos en esto y no nos vamos a rajar “
Padres de familia mencionaron que a 2 meses del sismo siguen esperando que la dirección les avise del inicio de clases en las aulas provisionales que esta construyendo el gobierno federal.
“La tragedia es un proceso difícil para los niños y debemos mantener su mente trabajando” señaló Evelyn de Jesús Carrasco, psicóloga de la escuela.
















