La dimensión del desastre dejado por el huracán María en Puerto Rico emerge con nuevos datos. En la semanas posteriores, en medio del colapso del sistema eléctrico, con casi toda la isla sin luz ni agua corriente, la media diaria de muertos se multiplicó por 25. Desde que el huracán arrasó la isla el 20 de septiembre con categoría cuatro y vientos de más de 150 kilómetros por hora hasta finales de octubre, hubo alrededor de mil muertos más de lo normal en comparación con las medias de los dos años anteriores. El Gobierno de la isla, sin embargo, hasta la fecha solo liga 64 defunciones a su efecto.

Los datos del Registro Demográfico indican que hubo 985 muertes adicionales en los primeros 40 días después de María (según datos del Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico) y 1.052 en los primeros 42 (cifra ofrecida por The New York Times también en base a la estadística oficial). El 25 de septiembre, por ejemplo, murieron 135 personas, y en esa misma fecha en 2016 y 2015 fallecieron 75 y 60 respectivamente. Esa jornada el Gobierno de la isla sostenía que la cifra de víctimas mortales por el huracán se limitaba a 16, número que mantuvo hasta ocho días después, cuando la actualizó a 34 después de que el presidente de EE UU, Donald Trump, le dijese en público al gobernador Ricardo Rosselló que podía estar satisfecho con la reducida cifra de muertos: «Debes estar orgulloso». En aquel momento –comparado con los dos años previos– habían muerto ya medio millar de personas más.

En vista del nivel de destrucción de la isla y de que los servicios e infraestructuras básicas permanecían paralizados, en Puerto Rico era común el estupor ante los números que ofrecían las autoridades, pues resultaban casi inverosímiles. A finales de septiembre, en pleno caos, el Secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, aseguraba que la cifra de muertos aumentaría, pero, decía, «no se doblará ni se triplicará». Si bien el Gobierno local reiteraba que Puerto Rico se encontraba en «crisis humanitaria» y no dejaba de llamar a EE UU –del que es Estado Libre Asociado– a acudir en su ayuda, con Rosselló afirmando que el país estaba «devastado», el recuento de muertes parecía minimizado.