La Cámara de Representantes aprobó en la madrugada de este viernes un proyecto de ley que financia al gobierno federal hasta el 23 de marzo y que eleva el límite de gastos generales hasta 300,000 millones de dólares por dos años, con lo que pone fin al efímero cierre del gobierno que duró apenas horas.

La Cámara de Representantes votó 240 contra 186 en apoyo de un paquete bipartidista, luego de que el Senado diera luz verde a ese proyecto.

 

La medida salió adelante a pesar de la oposición de los líderes demócratas, que exigían una promesa para aprobar protecciones para los dreamers –aquellos inmigrantes indocumentados que fueron traídos a EEUU cuando eran niños–, y de un grupo de conservadores fiscales republicanos que votó también en contra por el aumento de los niveles de gasto.

Técnicamente la administración pública se mantuvo cerrada desde que a las 12 de la noche del jueves se le acabaran los fondos para operar, a la espera que el presidente Donald Trump sancionara la ley con su firma.

A las 8:39 de la mañana del viernes el presidente anunció, mediante un mensaje en su cuenta Twitter, que había firmado el acuerdo.

 

 

«Acabo de firmar la Ley. Nuestras Militares serán ahora más fuertes que antes. Amamos y necesitamos a nuestros Militares y les dimos todo y más. Primera vez que esto pasa en un largo tiempo. También significa TRABAJO, TRABAJOS, TRABAJOS», escribió el presidente.

Es el segundo cierre desde el que se vivió entre el 20 y el 22 de enero. Ninguno generó muchas interrupciones porque mientras aquel coincidió con un fin de semana, este último se diño en horas nocturnas.

Desde el Congreso habían enviado a la Casa Blanca el acuerdo para su firma apenas fue votado, poco antes de las 6:00 am. La tardanza del presidente en firmarlo llamó la atención entre quienes destacaban que el presidente suele estar activo muy temprano en las mañanas monitoreando canales de noticias y enviando mensajes a traves de su cuenta Twitter.

Horas antes el Senado había aprobado el acuerdo por 71 votos frente a 28, superando las objeciones de republicanos conservadores en asuntos fiscales, que dijeron que la propuesta supone un retorno al gasto deficitario sin controles.