Decenas de miles de sirios varados en un campamento en el desierto, cerca de la frontera con Jordania, corren riesgo de morir de hambre ante la disminución de los suministros y la llegada del invierno, mientras las potencias regionales se culpan mutuamente por quién es el responsable de la última tragedia humanitaria en la guerra civil siria.

Las entregas de la necesaria ayuda al asediado campo de Rukban fallaron repetidamente o han sido demoradas, incluyendo un convoy de Naciones Unidas que debía llegar el jueves pero se retrasó indefinidamente.

En el campo viven alrededor de 45.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, que están acampados al aire libre en el desierto. Al menos cuatro personas murieron en el último mes por desnutrición y falta de atención médica.

Las tormentas de arena y las intensas lluvias registradas en las últimas semanas empeoraron el estado de las destrozadas tiendas de lona y las casas de barro de Rukban. Imad Ghali, residente en el campo, dijo que no es la primera vez que se promete una ayuda que no llega.

“Es como decirle a alguien que se muere de sed que espere a que llueva”, apuntó Ghali. ”¿Cuánto tiempo vamos a esperar?”.

Hace tres años, la gente empezó a congregarse en Rukban huyendo del grupo extremista Estado Islámico y de los ataques aéreos de la coalición liderada por Estados Unidos, de Rusia y Siria. Jordania selló su frontera e interrumpió la entrega regular de ayuda en 2016 tras un ataque transfronterizo de EI que mató a siete soldados.

El último envío de Amán fue en enero, lo que hizo que los residentes dependieran de productos, en su mayoría de contrabando, de zonas controladas por el gobierno. La situación se deterioró gravemente luego de que Damasco bloqueó las rutas de suministros el mes pasado tras el fracaso de un acuerdo de reconciliación con los grupos rebeldes de la zona, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un grupo con sede en Gran Bretaña que monitorea el conflicto sirio.

Rusia, un aliado próximo al gobierno sirio, culpó a Estados Unidos del deterioro de la situación en Rukban, que está dentro de una zona protegida de 55 kilómetros cuadrados (20 millas cuadradas) habilitada por las fuerzas estadounidenses en torno a su base militar de Tanf.