México se ha convertido en el tercer país con más peticiones de asilo del mundo tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y sus políticas migratorias; el país solo está por detrás de Estados Unidos y Alemania. Según el gobierno, tan solo en 2024 se contabilizaron 78 mil 975 migrantes con solicitudes.

Y es que muchos decidieron abandonar su trayecto hacia el país vecino, de acuerdo con EFE. Actualmente, muchos trabajan en la informalidad en la frontera sur de México. Desde albañiles hasta trabajadores sexuales, enfrentan la tardanza del gobierno mexicano para regularizarlos o darles asilo.

En Tapachula, la ciudad más grande en la frontera sur de México, los migrantes desempeñan una variedad de trabajos. Algunos son vendedores de refrescos, otros trabajan en puestos de comida, como las tradicionales pupusas salvadoreñas o tamales.

Uno de estos migrantes es el cubano Alexander Barrera Serrano, quien lleva dos años varado. Tras enfrentar la burocracia de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), que le negó dos veces su trámite de regularización, Barrera recurrió a la informalidad.

Junto a un mexicano, decidió abrir una carpintería. “Aquí el amparo es el dinero, hay que tener la plata. Invertí mi poco dinero, y ahora elaboro muebles como camas y sillas”, explicó.

El reto de migrar por México

México ha recibido a 24 mil 413 deportados en las primeras ocho semanas de la administración de Trump. Además, han deportado 4 mil 567 extranjeros, según la presidente Claudia Sheinbaum.

El Gobierno de México otorga la Tarjeta Bienestar Paisano a los deportados mexicanos, con 2 mil pesos y ayuda para encontrar empleo. Sin embargo, a los migrantes extranjeros se les ofrece apoyo solo para regularizar su situación o regresar a su país.

Luis Rey García Villagrán, presidente del Centro de Dignificación Humana (CDH), denunció que muchos migrantes trabajan en condiciones desfavorables. Los empleadores no les pagan lo que corresponde debido a su estatus irregular.

Mencionó que alrededor de 30 mil migrantes, en su mayoría subempleados, venden productos en la calle o trabajan en mercados. Con ello ganan solo 180 pesos por un día de trabajo de 12 horas, desde las 3 de la mañana hasta las 3 de la tarde.

Mientras esperan la resolución de sus trámites de asilo, decenas de haitianos y centroamericanos se capacitan en artes y oficios en el Centro de Desarrollo Comunitario (Cedeco) de Tapachula. Esta es una forma de mejorar sus perspectivas de empleo en México.