El mundo de las adicciones crece aceleradamente, cada vez son más las sustancias disponibles en el mercado, y con ello, también el daño que provocan. La cocaína no se queda atrás, consolidado narcótico que sigue en los primeros lugares de popularidad global.

Su uso se extiende en todas las clases sociales, se emplea para diversos fines y se le adjudica, indudablemente, gran parte del violento negocio del narcotráfico. La hoja de coca (usualmente masticada en las sierras de países latinoamericanos por su efecto energizante), es de donde se extrae este alcaloide, siendo su estado puro el que popularmente conocemos.

Con este antecedente, la farmacéutica Novartis desarrolló Mavoglurant, un esperanzador medicamento que promete aportar a la difícil batalla del desuso de este polvo blanco. El estudio, publicado en la revista “Science Translational Medicine”, contó con 68 participantes que, aunque de distintas edades, sufren la misma adicción, revelando así que tras 98 días administrando dos dosis diarias de este medicamento, su consumo había disminuido considerablemente.

El resultado tan prometedor ha incluido al alcohol, mostrando que este fármaco contribuye de igual manera a la disminución de su ingesta. Ahora bien, no hay que olvidar que en los años 50´s la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó al alcoholismo como una enfermedad incurable, progresiva y mortal; se torna entonces interesante el alcance del medicamento.

Finalmente, el estudio recalca que fue una prueba piloto, un exitoso intento para una cruda realidad.