Más de 700 animales fueron trasladados del santuario Ostok, ubicado cerca de Culiacán, Sinaloa, hacia un nuevo refugio en Mazatlán. El operativo, realizado por el equipo del santuario, respondió al creciente clima de violencia ligado a la disputa entre facciones del cártel de Sinaloa.

Leones, tigres, elefantes, cocodrilos y aves exóticas formaron parte de esta inusual caravana que, según Ernesto Zazueta, director de Ostok, se convirtió en un “Arca de Noé del siglo XXI”, movilizada no por desastres naturales, sino por la inseguridad y el miedo.

Traslado urgente y condiciones críticas

Los trabajadores del santuario decidieron evacuar tras sufrir amenazas, robos y bloqueos que impidieron alimentar a los animales. Para las fieras más peligrosas, como tigres y leones, fue necesario sedarlos antes de colocarlos en jaulas y transportarlos por carretera.

El nuevo destino de los animales es el bioparque El Encanto, en Mazatlán. Ahí, según Zazueta, tendrán mejores condiciones de vida y seguridad. La logística fue compleja: los elefantes, por ejemplo, fueron trasladados en contenedores especiales con apoyo de grúas.

Impacto de la violencia en el bienestar animal

La falta de acceso a alimentos y suministros provocó deterioro en la salud de los animales. Las dietas especiales que requerían grandes cantidades de carne, forraje y alfalfa se volvieron difíciles de cumplir ante los constantes bloqueos.

Desde septiembre, autoridades han incautado 14 felinos vinculados al crimen organizado. Estos ejemplares, utilizados como símbolos de poder por grupos delictivos, fueron primero llevados a Ostok, aunque permanecen bajo resguardo de Profepa.

Una salida simbólica

Para Zazueta, este traslado representa una resistencia frente a la violencia que azota a Sinaloa. «Si los animales ya no pueden vivir en Culiacán, ¿quién puede hacerlo?», cuestionó. En paralelo, Profepa incautó recientemente 119 animales del zoológico de Culiacán por falta de condiciones adecuadas.

Las cifras oficiales son alarmantes: el conflicto entre grupos delictivos ha dejado más de 1,200 muertos y 1,400 desaparecidos en el estado. El caso del santuario Ostok refleja un rostro poco explorado de esta crisis: el impacto en el mundo animal.