Por primera vez en más de un siglo, el río Sena, en Francia, volvió a ser apto para los turistas, luego de una campaña monumental de saneamiento que costó mil 400 millones de euros.

El 5 de julio, las autoridades habilitaron tres zonas oficiales de baño: en Bercy, en el Bras de Grenelle junto a la Île Saint‑Louis y en Bras Marie, cerca de Notre‑Dame.

Para que esto fuera posible, se construyó un gigantesco depósito subterráneo en Austerlitz, equivalente a más de 20 piscinas olímpicas. Con dicha herramienta se busca retener aguas pluviales para evitar desbordes del alcantarillado en épocas de lluvia.

También, se instalaron unidades de desinfección ultravioletas en las plantas depuradoras de Valenton y Noisy-le-Grand; asimismo, se conectaron embarcaciones y miles de viviendas a la red de alcantarillado para impedir vertidos directos.

Autoridades monitorean el Sena diariamente

A partir de ahora, se monitorean diariamente los niveles de E. coli y enterococos. Hasta el momento, las mediciones indican que la calidad del agua cumple en su mayoría con los estándares europeos.

El entusiasmo fue tal que cientos de personas se lanzaron al agua el día de la inauguración; esto, bajo la supervisión de socorristas. Sin embargo, se impusieron cierres temporales debido a episodios de lluvia.

La limpieza también ha tenido un impacto ecológico notable, pues la diversidad de peces en el Sena pasó de apenas tres especies en los años setenta a más de 30 hoy en día.

Además, la reapertura del río para actividades recreativas contribuye a mitigar las olas de calor en la ciudad, reforzando el legado ecológico de los Juegos Olímpicos de 2024.