Bad Bunny sorprendió a sus seguidores al anunciar que incorporará una intérprete de lenguaje de señas en todas las fechas de su Debí Tirar Más Fotos Tour. La iniciativa arrancó en Puerto Rico, su tierra natal, y se ha convertido en un movimiento celebrado por los fans, quienes lo reconocen como un paso importante hacia la accesibilidad en la música en vivo.

La encargada de esta labor es Zoé Marie Rodríguez, quien expresó a la agencia EFE su emoción por formar parte de esta experiencia. Según explicó, su rol no solo consiste en traducir palabras, sino en transmitir la energía, el ritmo y las emociones de cada canción. “La música no es solo sonido. Es cultura, emoción, mensaje… y todos merecemos entenderla”, afirmó.

Una experiencia inclusiva en los conciertos

Las imágenes de Rodríguez interpretando los temas en pleno concierto se viralizaron rápidamente, generando aplausos y mensajes de admiración en redes sociales. Aunque la industria musical aún enfrenta retos en materia de inclusión, el gesto de Bad Bunny marca un precedente que podría inspirar a otros artistas a seguir sus pasos.

Compromiso social constante

Este esfuerzo no es un hecho aislado en la carrera del intérprete de Un Verano Sin Ti. A través de la Fundación Good Bunny, creada en 2018, el puertorriqueño ha impulsado proyectos en tres áreas clave: música, artes y deporte.

Entre sus iniciativas destacan el evento Bonita Tradición, en el que se entregan más de 20,000 regalos a niños cada año, la restauración de canchas deportivas y apoyos directos a jóvenes atletas mediante Rimas Sports, agencia que ha donado más de 200,000 dólares en becas deportivas.

Además, en su música Bad Bunny ha usado su voz para visibilizar causas sociales, como la gentrificación en El Apagón y la igualdad de género en Yo Perreo Sola.

Inclusión más allá de la fama

Con esta acción, el cantante reafirma que su éxito global no solo se mide en números, sino en la capacidad de usar su influencia para transformar realidades. La presencia de un intérprete de señas en su gira no solo abre las puertas a un público que había sido históricamente excluido, sino que coloca al reguetón en un camino más inclusivo.