El reguetonero Bad Bunny se encuentra en el centro de una demanda de 6 millones de dólares presentada el 17 de septiembre en el Tribunal de Primera Instancia de San Juan, Puerto Rico. El denunciante, Román Carrasco Delgado, de 84 años, asegura que la réplica de su vivienda conocida como “La Casita” fue utilizada en los espectáculos del artista sin su autorización real, pese a un supuesto acuerdo verbal previo.

Carrasco afirma que prestó su propiedad solo para grabar un corto relacionado con el álbum Debí Tirar Más Fotos, con la condición de que no tendría fines comerciales. Sin embargo, la casa fue fotografiada, medida y reproducida como parte del escenario de la residencia artística “No Me Quiero Ir de Aquí”, convirtiéndose en un punto clave de la escenografía y en área VIP para celebridades como Ricky Martin, LeBron James y Penélope Cruz.

Reclamo millonario y acusaciones

El documento judicial detalla que Carrasco, quien no sabe leer ni escribir, firmó en la pantalla de un celular un contrato cuyos términos desconocía y recibió apenas 5 mil 200 dólares. Ahora exige 5 millones por enriquecimiento indebido y 1 millón por daños emocionales y afectación a su privacidad, señalando que su hogar se ha vuelto un punto turístico no deseado, con constantes visitas de curiosos.

El valor de “La Casita”

Construida en los años 60 en el barrio Río Abajo, la vivienda se convirtió en símbolo del universo estético de Bad Bunny gracias al cortometraje y a los conciertos que la popularizaron en 2025. Su réplica incluso apareció en materiales de merchandising y promociones del tour, lo que, según la defensa, demuestra un aprovechamiento económico sin el consentimiento del propietario.

Caso en desarrollo

La defensa de Carrasco argumenta que el equipo del artista se aprovechó de su poca escolaridad y buena fe. Hasta ahora, Bad Bunny ni su disquera Rimas Entertainment han emitido declaraciones. El proceso legal continúa y se espera que en las próximas semanas el tribunal determine si la demanda procede.

La polémica pone en debate el uso de propiedad intelectual y derechos de imagen en espectáculos de gran escala, un tema que mantiene expectantes tanto a fanáticos como a la industria musical.