A 25 años de su estreno, Amores Perros regresa de una manera inesperada. Alejandro González Iñárritu no presenta un tributo, sino una resurrección: Sueño Perro, una instalación que exhuma y proyecta el material nunca visto de su ópera prima. Esta experiencia inmersiva, ubicada en LagoAlgo, Chapultepec, abre sus puertas al público desde el 5 de octubre de 2025 hasta el 4 de enero de 2026, ofreciendo un viaje al corazón del filme que transformó el cine nacional.

El detonante fue el descubrimiento de casi un millón de pies de celuloide descartado, un «cuerpo casi muerto» que el cineasta decidió devolver a la vida. Lejos de una exhibición de objetos físicos, Iñárritu construye un ritual sensorial donde los proyectores de 35mm giran como corazones, iluminando entre 40 y 50 minutos de tomas fallidas y escenas eliminadas que ahora respiran de nuevo.

Un Ritual Visual y Sonoro

Al interior de la sala, la experiencia es abrumadora. El sonido de los proyectores y el correr del celuloide crean una atmósfera única, un contraste deliberado con la era digital actual. Fragmentos de una Ciudad de México de otra época cobran vida en las paredes, reviviendo el espíritu visceral de la cinta original a través de su material más íntimo y crudo.

Iñárritu describe este acto como «compartir la ropa sucia». Para el director, mostrar el proceso con sus intentos y errores era algo que siempre evitó por pudor. Sin embargo, la curiosidad por ese 98% de filmación que nunca se usó lo impulsó a revelar el detrás de cámaras más personal, aquel que da cuenta de la búsqueda artística detrás del resultado final.

La Esencia que Perdura

Amores Perros no fue solo una película; fue un fenómeno cultural que capturó la identidad de un México en transición. Iñárritu reflexiona sobre cómo la cinta retrató un momento histórico preciso, entrelazando lo personal con lo político y lo local con lo universal. Su esencia, ese «olor flotante» de la ciudad, es lo que la instalación busca capturar y reactivar.

Paralelamente, el cineasta editaba su más reciente proyecto con estrellas hollywoodenses, un contraste que encontró revitalizante. Este ir y venir entre la precisión milimétrica y la libertad meditativa de Sueño Perro le recordó que el cine puede existir en múltiples estados, ambos igualmente válidos y necesarios.