El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, buscó en los últimos días un mayor apoyo de sus socios europeos al tiempo que enfrentaba una intensa presión de Washington para aceptar un acuerdo de paz con Rusia considerado desfavorable para Kiev. Su posición se vio debilitada por un reciente escándalo de corrupción que involucró a varios ministros y que derivó en exigencias de cambios dentro de su equipo.

Pese a las críticas internas, la mayoría de los ucranianos a

tendió su llamado a la unidad mientras su delegación se preparaba para viajar a Ginebra, donde emprendería nuevas negociaciones para suavizar las condiciones impuestas por el plan estadounidense. Entre los puntos más polémicos figuraba la propuesta de ceder territorios en Donbás y reconocer la ocupación rusa en Crimea.

Analistas y veteranos advirtieron que aceptar esos términos equivaldría a una “rendición”. “Mejor un invierno duro que la pérdida de soberanía”, escribió el soldado retirado Max Kolesnikov, quien rechazó que Ucrania abandonara zonas estratégicas sin luchar.

La situación en el frente era percibida como deteriorada, mientras crecían las deserciones y disminuía el apoyo militar extranjero. En este contexto, Zelenski redobló sus esfuerzos diplomáticos. Europa, junto a Canadá y Japón, respaldó la necesidad de modificar el plan y reconoció la urgencia de reforzar la defensa ucraniana, aunque persistía frustración por la lentitud de decisiones dentro de la Unión Europea.