Hondureños acudieron a las urnas para elegir al presidente que gobernará entre 2026 y 2030, en unos comicios marcados por la polarización política y las denuncias cruzadas de fraude. La votación también definirá a los 128 miembros del Congreso unicameral, cientos de alcaldes y miles de cargos públicos.

Las encuestas previas mostraban un empate técnico entre tres de los cinco candidatos: Rixi Moncada (partido oficialista LIBRE), Nasry Asfura (Partido Nacional) y Salvador Nasralla (Partido Liberal). La Organización de Estados Americanos (OEA) pidió garantizar un proceso libre de intimidación, mientras que Estados Unidos advirtió que actuará con “rapidez y firmeza” ante cualquier intento de desconocer los resultados.

La comunidad internacional sigue de cerca las elecciones hondureñas. El presidente estadounidense, Donald Trump, llamó a votar por Asfura y advirtió que su país no apoyará económicamente a Honduras si los resultados no favorecen al candidato nacionalista.

En Tegucigalpa, ciudadanos expresaron preocupación por posibles disturbios y fraude. Honduras, donde seis de cada diez habitantes vive en pobreza, aún enfrenta las secuelas del golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, esposo de la actual presidenta Xiomara Castro. Ese hecho marcó la institucionalidad y dio origen al partido LIBRE, que ganó las elecciones de 2021.

Durante la campaña, el fiscal general acusó a la oposición de planear fraude, mientras que audios atribuidos al Partido Nacional generaron polémica. Las Fuerzas Armadas también fueron criticadas por solicitar copias de las actas de escrutinio, lo que aumentó la desconfianza hacia las autoridades electorales.

El gobierno de Castro ha impulsado inversión pública y gasto social, con elogios del FMI por su gestión fiscal. La pobreza y desigualdad han disminuido, aunque siguen elevadas. La tasa de homicidios alcanzó su nivel más bajo en la historia reciente, pero persisten críticas por el estado de emergencia y la militarización.

Las elecciones también tienen impacto internacional: Asfura y Nasralla han planteado retomar relaciones con Taiwán, rotas en 2023 por el gobierno de Castro, lo que representaría un revés diplomático para China en la región.