La madrugada del domingo 21 de diciembre de 2025, un tiroteo en una taberna de Bekkersdal, municipio minero al suroeste de Johannesburgo, Sudáfrica, dejó nueve personas muertas y diez heridas. El ataque ocurrió poco antes de la 1:00 a.m., cuando un grupo de hombres armados irrumpió en el local y abrió fuego indiscriminadamente contra los clientes.

De acuerdo con la Policía de Sudáfrica, los responsables viajaban en una camioneta blanca y un sedán plateado. Tras disparar dentro del establecimiento, continuaron atacando mientras huían. La Dirección de Investigaciones de Delitos Graves y Violentos de Gauteng desplegó un operativo para localizar a los 12 sospechosos vinculados al hecho.

El mayor general Fred Kekana, subcomisario de la policía provincial, informó que la mayoría de los atacantes portaban pistolas y uno llevaba un rifle AK-47. Tres víctimas murieron dentro de la taberna y las demás fallecieron al intentar escapar. Además, los agresores robaron pertenencias como teléfonos celulares y objetos de valor.

Entre los fallecidos se encuentra un conductor de un servicio de transporte en línea que pasaba por la zona. Este ataque recuerda al ocurrido el 6 de diciembre en Pretoria, donde murieron 12 personas, incluido un niño de tres años, en otro tiroteo dentro de una taberna.

Sudáfrica enfrenta una de las tasas de criminalidad más altas del mundo, con un promedio de 63 homicidios diarios entre abril y septiembre de 2025. La proliferación de armas de fuego, tanto legales como ilegales, ha alimentado la violencia, especialmente en entornos vinculados a pandillas y negocios informales.

En semanas recientes, el país también se vio sacudido por el asesinato del ex presentador de radio DJ Warras en Johannesburgo y el homicidio de Marius Van der Merwe, testigo clave en una investigación de corrupción. Estos casos han puesto en debate la seguridad de figuras públicas y denunciantes.