La madrugada del viernes 9 de enero de 2026, Rusia lanzó un misil hipersónico Oréshnik contra Ucrania en el marco de un ataque masivo que dejó al menos cuatro muertos en Kiev. El Ministerio de Defensa ruso aseguró que el proyectil, con capacidad nuclear, fue utilizado contra “objetivos estratégicos” como respuesta a un supuesto ataque con drones contra una residencia del presidente Vladimir Putin, hecho que Ucrania niega.
El ataque ocurre horas después de que Moscú rechazara un plan europeo para desplegar una fuerza multinacional en territorio ucraniano tras un eventual alto el fuego. Rusia advirtió que cualquier presencia militar occidental sería considerada “objetivo legítimo”.
La ofensiva se produce mientras Europa y Estados Unidos intentan avanzar en acuerdos diplomáticos para poner fin a un conflicto que se acerca a cuatro años. La alta representante de la Unión Europea para la Política Exterior, Kaja Kallas, calificó el lanzamiento del Oréshnik como “una clara escalada contra Ucrania y una advertencia a Europa y Estados Unidos”, instando a endurecer las sanciones contra Moscú y reforzar las defensas aéreas.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, aseguró que el acuerdo de seguridad con Washington está “prácticamente listo”, aunque líderes europeos como el canciller alemán Friedrich Merz reconocieron que la tregua aún está “muy lejos” debido a la postura de Moscú. La propuesta de incluir una fuerza multinacional supervisada por Estados Unidos fue rechazada por Rusia.
















