Al menos 31 personas murieron y 169 resultaron heridas tras un atentado suicida en una mezquita chiíta a las afueras de Islamabad, en Pakistán, reivindicado por el Estado Islámico.

Los hechos ocurrieron el viernes, cuando cientos de fieles estaban reunidos para la plegaria semanal. Según las autoridades, el agresor atacó con disparos a los guardias en la entrada y luego detonó su chaleco explosivo entre la congregación.

Tras el ataque, la Provincia de Pakistán del Estado Islámico —rama local del grupo yihadista— reclamó la autoría del atentado a través de sus canales de propaganda, difundiendo imágenes en las que, según el grupo, se muestra al agresor armado antes de la explosión.

Las autoridades paquistaníes pusieron en marcha una intensa respuesta de seguridad. Luego de varias redadas, detuvieron a cuatro sospechosos, incluido el presunto autor intelectual del ataque, y se incrementaron los operativos en puntos clave de la capital.

El ataque ha generado una ola de duelo y protestas: miles de personas asistieron a funerales bajo fuerte vigilancia policial, y líderes políticos de diversas fuerzas condenaron el atentado.

Por su parte, el presidente Asif Ali Zardari y el primer ministro Shehbaz Sharif calificaron el hecho de “crimen atroz” y aseguraron que se perseguirán a los responsables sin descanso.

En tanto, sectores de la oposición y representantes de la comunidad chiíta exigieron además mejores medidas de protección para minorías religiosas, en un país donde los grupos extremistas han perseguido en repetidas ocasiones a congregaciones vulnerables.