Regina Martínez cruzó la meta con lágrimas en los ojos. No llegó en los primeros lugares, pero sí hizo historia al convertirse en la primera mujer mexicana en competir en esquí de fondo en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Más que los 10 kilómetros recorridos, detrás de su participación hay años de esfuerzo, disciplina y determinación.

Inspirada por la historia del mexicano Germán Madrazo en PyeongChang 2018, Martínez decidió probar una disciplina que apenas conocía. Fue durante su estancia en Minnesota, donde enfrentaba el frío, la soledad y la depresión estacional, que encontró en el esquí de fondo una motivación para seguir adelante.

Comenzó cerca de los 28 años, un desafío adicional en un deporte dominado por atletas formados desde la infancia. A la par, cursaba estudios de Medicina, y posteriormente, durante su residencia en Florida, continuó entrenando incluso de madrugada. Para financiar su sueño llegó a realizar trabajos extra y ahorrar para viajar a lugares con nieve.

En su debut olímpico finalizó en el lugar 108 con un tiempo de 34:05.4 en la prueba de 10 kilómetros estilo libre. Aunque el oro fue para la sueca Frida Karlsson, la mexicana celebró su mayor logro: abrir camino para futuras generaciones en un deporte poco practicado en México.