El conflicto en Oriente Medio tras la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán ha desencadenado una crisis de suministro energético que podría provocar un repunte de la inflación, debido a que la guerra pone en riesgo parte de la infraestructura de petróleo y gas más importante del mundo.
Los bombardeos ocasionaron el cierre del estrecho de Ormuz, la vía por la que pasa cerca del 20 por ciento de la producción de petróleo y gas natural licuado del mundo.
Por su parte, en Irak algunos productores comenzaron a detener operaciones ante la imposibilidad de enviar el crudo a mercados internacionales. Igualmente, Qatar, un importante proveedor de gas natural licuado, también ha paralizado sus exportaciones.
Debido a ello, los precios del petróleo se han disparado, elevando el costo del combustible en general.
Este lunes, el llamado “oro negro” superó los cien dólares por barril después de que Arabia Saudita se sumó a otros grandes productores de Medio Oriente en recortar su producción.
Por ejemplo, el crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) superó los 118 dólares por barril, su nivel más alto desde 2022, mientras que el Brent —referencia internacional— cotizó en 119.5 dólares durante la jornada.
De acuerdo con analistas, si el bloqueo de Ormuz se extiende por semanas, el barril podría alcanzar los 120 dólares. Si el conflicto se prolonga meses, algunas proyecciones apuntan hasta los 200 dólares, un nivel que desataría presiones inflacionarias comparables a las vividas tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.























