El precio del petróleo superó los 115 dólares por barril, su nivel más alto desde 2022, tras los bombardeos israelíes en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz. El crudo de referencia estadounidense, WTI, acumula un alza semanal superior al 64%. Este incremento afecta directamente a México, donde los energéticos son clave para las finanzas públicas y el consumo de los ciudadanos.

Ante el temor de una crisis energética, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el precio de la gasolina no subirá en el país. En su conferencia matutina explicó que el gobierno cuenta con un mecanismo a través del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) para amortiguar el impacto de los precios internacionales.

Sheinbaum recordó que este esquema ya se había utilizado en 2022, durante la guerra en Ucrania, cuando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador aplicó estímulos fiscales para evitar aumentos en combustibles. La mandataria señaló que se reuniría con funcionarios de la Secretaría de Hacienda para evaluar la situación y, “si es necesario”, activar el mecanismo de protección.

El encarecimiento del petróleo eleva los costos de transporte y producción, lo que repercute en los precios de la canasta básica. La inflación, que en febrero ya alcanzó 4.02% anual, podría acelerarse aún más si el conflicto en Medio Oriente se prolonga.