Todo el mundo tiene la atención puesta en las Coreas. La visita reciente de Kim Jong Un a Corea del Sur, los abrazos y las promesas de la desnuclearización son vistas como la verdadera posibilidad de alcanzar paz en ese territorio, en guerra desde 1950.
Donald Trump, quien acuñó el apodo de “hombre cohete” para Kim, está próximo a reunirse con el líder norcoreano, al parecer, a finales de este mes. Si the Donald logra llegar a un acuerdo con Kim y Corea del Norte abandona su programa nuclear, podría hacerse acreedor a un Nobel de la Paz.
Sin embargo, la política exterior de Trump está lejos de llegar a una paz verdadera.
El tono bélico por naturaleza del presidente estadounidense y su poco conocimiento sobre algunas regiones del mundo podrían desatar nuevos conflictos o enardecer los ya existentes.
Esto sucede de manera más palpable con Irán. En un evento considerado como un hito para la diplomacia internacional, los cinco permanentes del Consejo de Seguridad más Alemania lograron llegar a un acuerdo con la República Islámica sobre su programa nuclear en 2015.
Ahora, Trump quiere renegociar los términos del acuerdo (qué raro) por considerarlo una amenaza para la estabilidad de la región, especialmente para la de sus aliados Israel y Arabia Saudí.
Ni la visita del chico estrella francés Macron – con todo y los besos, abrazos e incómodos apretones de mano –, ni la de la señora fuerte de Europa Merkel, lograron convencer a Trump de adoptar un discurso más conciliador con respecto al tema. Ahora, su clon británico Boris Johnson buscará hacer entrar en razón sobre todo lo que conllevaría echar para atrás el Acuerdo.
Hasán Rouhani, presidente de Irán y conocido por ser moderado, ya ha dicho que, de no respetar el acuerdo nuclear, Estados Unidos lo lamentaría “muy pronto”, aunque aún no se sabe con exactitud el alcance verdadero de esta declaración. Sectores más conservadores del país han mencionado que una contramedida puede ser la salida de Irán del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares.
Con todo esto, Trump se encarga de restar credibilidad a Estados Unidos, lo que supone un duro golpe a la diplomacia occidental debido a que se notaría una falta de continuidad y respeto hacia un Acuerdo que tardó dos años en negociarse.
Pero esto no parece importar al presidente estadounidense y claramente está dispuesto a terminar con quien se le oponga respecto al tema, tal como sucedió con su ex Secretario de Estado Rex Tillerson.
Lo que pase en Irán será de sumo interés en los próximos días. Y lo que suceda en Corea… Bueno, esperemos que sea un avance real a la unificación de la península, pues esta retórica del gobierno norcoreano es conocida por su manera de utilizar la disuasión para obtener ayuda humanitaria y darle de comer a su gente. Pueda ser que los recientes acontecimientos no sean la excepción.