Desde hace más de un año, el Pentágono mantiene desplegados alrededor de 9 mil soldados en servicio activo a lo largo de 3 mil 200 kilómetros de la frontera suroeste de Estados Unidos. La misión, denominada Ardent Vanguard, busca enfrentar la migración irregular, el contrabando y los cárteles de la droga. El despliegue fue revelado en un reportaje publicado el 23 de junio por The New York Times, firmado por el corresponsal Eric Schmitt.
La operación se desarrolla en territorio fronterizo de California, Arizona, Nuevo México y Texas, donde las tropas estadounidenses trabajan en coordinación con la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y el ejército mexicano. Aunque el objetivo inicial de reducir los cruces ilegales se alcanzó meses atrás, las fuerzas permanecen en la zona con un costo semanal de decenas de millones de dólares.
Tras la muerte del líder cartelero conocido como «El Mencho» en febrero, en un operativo con apoyo de la CIA, militares estadounidenses reportaron hackeos en sus teléfonos y mensajes intimidatorios. A pesar de ello, no se han registrado ataques con drones ni bajas entre las tropas.
El Pentágono informó que en los primeros cuatro meses de la operación se gastaron 525 millones de dólares, aunque no ha revelado el monto acumulado. Legisladores como el senador Jack Reed advierten que la misión desvía recursos de entrenamientos esenciales, generando un déficit presupuestario cercano a los 2 mil millones de dólares.
El componente tecnológico ha sido clave: más de 800 vuelos de vigilancia se han realizado con aviones U-2, RC-135 y drones RQ-4 Global Hawk. Además, por primera vez se llevaron a cabo patrullas conjuntas con soldados mexicanos, utilizando radios encriptadas y láseres de alta energía para neutralizar drones de cárteles.
El Pentágono designó cinco franjas de tierra como extensiones de bases militares, donde los soldados pueden detener migrantes hasta la llegada de la Patrulla Fronteriza. Hasta ahora se reportan 116 personas detenidas bajo este esquema.
















