Relatos covid

Bethel García Vargas

Conforme vas creciendo los intereses y tu forma de pensar y ver la vida va cambiando, ya sea para bien o para mal.

Siendo mujer y llegando a cierta edad adulta, en la que apenas empiezas a ser un poco independiente te preguntan: ¿Y el novio? (si ya tienes novio). ¿Para cuándo la boda?. ¿Y los hijos? Son lo mejor que te puede pasar; claro que sí, la llegada de una personita a tu vida te cambia todo, pero nadie te dice que los sobrinos también serán como tus hijos, a quienes vas a querer siempre y los vas a cuidar como si fueras su mamá.

Hace como 8 años, cuando cursaba la universidad en el primer semestre de la carrera mi hermano mayor me dio la noticia de que sería tía y vendría un bebé a la familia. Me emocionó mucho y cada mes que pasaba tratábamos de adivinar qué sería, y cuando finalmente supimos que era un niño, empezamos a proponer nombres, a ver cuál le quedaba y combinaba con sus apellidos, si ya había alguien con ese nombre en la familia, si conocíamos a alguna persona con ese nombre.

Fueron días bonitos porque pronto empezó a moverse con el ritmo de la música, cualquier música que escuchaba, él se movía, así pasaron los meses hasta que un 27 de noviembre nos avisó mi hermano que ya iba a nacer mi sobrino, y justo ese día empezaba un famoso intersemestral de  mi carrera, afortunadamente ese el catedrático tuvo otras cosas que hacer y canceló la clase solo por esa ocasión y  así  pude ir al hospital para saber en qué momento iba a nacer, aunque no pude entrar y verlo ese mismo día, mi hermano le tomó su primera foto a escondidas, porque no permitían celulares.

Al día siguiente salió del hospital junto con su mamá y por fin lo pude conocer;  llegamos a su casa y ahí después de unas horas se le dio su primer baño, y se quedó dormido.

Los siguientes años, en algunas ocasiones me tocó cuidar de él mientras sus papás trabajaban.

Después de que cumplió su primer año ya era momento que empezara a caminar, y a mi junto a mis papás nos tocó ver cómo dio sus primeros pasos, sin darse cuenta, algo natural, se levantó y se concentró tanto en alcanzar un juguete que le gustaba que caminó impulsivamente hacia donde estaba.

Y así podría seguir platicando de como lo vi crecer, cuando jugábamos, algunas de sus palabras y la forma en que le enseñaba a decir ciertas cosas que al final resultaban más graciosas y que poco a poco se han ido quedando en la familia.

Unos años después vino una sobrina, hija de un primo hermano, también con ella estábamos esperando ansiosos el momento en que naciera y nos avisaran a todos, esperando conocerla, y un diciembre pasando Navidad llegó a este mundo para seguir haciendo crecer a la familia, un abril de hace poco más de 3 años llegó el tercer bisnieto de mis abuelitos, hijo de una prima, la cual para que pudiera salir del hospital necesitaba donadores de sangre y yo siendo una de las pocas personas en la familia en poder donar me ofrecí a regalar un poco de mi sangre y después de salir del banco de sangre fui a conocerlo y cargarlo por primera vez, y finalmente en septiembre de 2019, antes de la pandemia llegó el más pequeño de mis sobrinos, hasta ahora, el día que nació me encontraba trabajando y recibimos en el grupo de la familia las primeras fotos de su llegada al mundo. Saliendo de ahí me fui directamente al hospital donde estaba para poder conocerlo.

Ahora que ya están grandes y caminando, cuando llego a estar con ellos siento que son como unos hijos, sé que no es la misma responsabilidad pero los quiero a todos como si lo fueran.

A ti que tienes sobrinos o estás esperando la llegada de uno de ellos, disfrútenlas cada momento que pasen con ellos, quiérelos porque crecen muy rápido y siempre vamos a querer que sean pequeños para seguirlos protegiendo. Nos leemos la siguiente semana.

bethgva@gmail.com