Martha Canseco González

La nueva ola de contagios del Covid 19 me obliga nuevamente a la reflexión. Saber de tantas personas que están enfermas o que han muerto, me hace pensar en mí propia vulnerabilidad, pero también saberme viva entre tanta muerte me orilla a disfrutar mi existencia, incluso en los más mínimos detalles, sobre todo aquellos que de tan cotidianos pasaban totalmente desapercibidos.

Me anima ver que crezca la yerbabuena que tengo sembrada en una maceta del patio, la comida que preparo junto a Carmen con las verduras recogidas en el monte por mis vecinas me llena no sólo el estómago también los sentidos.

Lo cierto es que los más elementales derechos se están convirtiendo en verdaderos privilegios.

Como al inicio de la pandemia percibo ahora otra vez que se está muriendo demasiada gente, no sólo aquella que ha sucumbido al virus y a otras enfermedades que no se han podido atender como debiera por la misma emergencia. Así también algunas más que han perdido el sentido de la vida. Lo entiendo, nos está tocando vivir una de las etapas más difíciles de la humanidad.

¿Qué hacemos ante ello? Creo que lo primero es aceptar qué podemos y qué no podemos hacer para superar esta etapa. Y entonces eso nos lleva de inicio al compromiso individual. Para que esto mejore hay que vacunarse, seguir cumpliendo con las reglas del uso de cubre bocas, la sana distancia y salir lo menos posible. Procurar seguir siendo muy productivas y productivos para que el dinero fluya.

Creo que además es muy importante encontrar a diario motivos para seguir viviendo. Con mis queridas amoras que forman parte del círculo de lectura que tenemos los viernes, hemos quedado en platicar cada semana qué nos impulsó en los últimos días a seguir adelante. Una de ellas lo encontró en ponerse al día con las lecturas que no había concluido, otra más en arreglar su jardín, la otra en salir a andar en bicicleta durante la madrugada, yo en el amoroso saludo que envío por watts a todas las personas que quiero.

Como verán no son cosas espectaculares, más bien sencillas y en eso las mujeres nos pintamos solas. Ellos tienen como obligación de género la “grandeza” o lo que el sistema patriarcal concibe como tal.

Miren qué bien que sean las cosas más sencillas, lo doméstico, lo cotidiano, lo femenino, lo que nos está sosteniendo como humanidad ¿Quién nos iba a decir? que también hay grandeza en lo que hacemos las mujeres.

Busquen ahí en lo más sencillo los motivos para vivir, trátense bien, cuiden a su gente, mascotas y plantas, conviertan eso en su pasión. Sobre todo, no sean mezquinos con el amor, porque lo cierto es que hoy estamos, pero quién sabe mañana.
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