A los jóvenes, si son de derechas no olviden tener solidaridad y sensibilidad social. Si son de izquierdas, hoy más que nunca, hagan uso de su libertad de pensamiento, no se dejen dominar por lo políticamente correcto en detrimento de su libertad
Slavoj Zizek
Paráfrasis del mensaje final en debate con Jordan Peterson frente a miles de estudiantes.
Los jóvenes de ayer somos los hombres y mujeres adultos maduros de hoy. Cuando terminé y publiqué mi primer libro de poesía Venablos Incandescentes, en el acto de presentación, Prisciliano Gutiérrez -uno de los comentaristas de la mesa de aquel día de diciembre de 2016- me escribió, leyó ante el público y obsequió un pequeño pero muy significativo opúsculo de su autoría titulado “Los jóvenes y la poesía”. Hoy no soy más el joven a quien va dirigido sino el autor que ahora intenta escribir unas breves palabras semejantes hacia los nuevos jóvenes en relación a la poesía y las artes en general.
Como una de las artes enraizadas en la literatura, la poesía es libertad. Libertad creadora y revelación sublime de la palabra en la lírica y voz subjetiva e intersubjetiva del poeta. No obstante, junto con la poesía lírica -que es el canto íntimo del poeta-, aparecen otras múltiples y diversas formas de poesía que hallamos, primero, desde la tradición oral, y más tarde desde la escritura legada a partir de las tradiciones más antiguas de la humanidad y sucesivamente hasta nuestro tiempo. Así hemos visto, que a lo largo de los años, con los jóvenes que han participado en su recreación y puesta en escena y mediante la oralidad que recupera el arte de la declamación, la poesía sigue viva y se niega a morir. Lucha por su vida a través de clásicos y nuevos autores que muchas chicas y chicos han recuperado para ser elegidos con la poesía a declamar en el certamen anual que organiza en Hidalgo el Instituto de la Juventud.
Alfonso Cravioto escribió en 1921 el poemario El Alma Nueva de las Cosas Viejas. A cien años de entonces y con la esperanza de que la poesía ni el arte de la declamación mueran pronto en esta como en ninguna otra tierra del mundo, yo pensaba como jurado del certamen en ellos como la voz nueva de las voces viejas de la poesía, pues aunque lo que voy a decir sea un lugar común, estoy convencido que “los clásicos nunca pasan de moda”, por lo que siempre será un gozo escuchar a través de los jóvenes en escena las voces de Juana de Asbaje, Rubén Darío, Salvador Díaz Mirón, Federico García Lorca y otros que han sido elegidos por ellos, para ser puestos cara a cara con el tiempo de la palabra lírica y ser confrontados con voces más recientes que pretenden y a veces consiguen ser llamadas poesía.
Cuando se trata del universo de las disciplinas no exactas, una evaluación siempre tiene, como la propia poesía, una carga enorme de subjetividad. La expresión libre del arte en escena de los jóvenes no es la excepción cuando se trata de premios, previa calificación de un jurado. No obstante, lo cierto que podemos decir es que a quienes, como yo, disfrutamos de la poesía en voz baja, alta o a través del teatral y dramático arte de la declamación, nos conmueve y seguirá conmoviendo, mientras dure, en un mundo cambiante y mutante cada día en sus prioridades y víctima de la epidemia de las “necesidades creadas”, el interés y la capacidad de los jóvenes de de transmitir, en esta tierra y en todas, con profunda esperanza, valor y sentimiento, esa particular sensibilidad de la que sólo son capaces los poetas y aquellos que todavía los leen y comprenden, en este y en todos los tiempos.













