Muchas veces dejamos fuera del comentario a las personas sin las cuales las grandes figuras dejarían de serlo. En este inicio de 2025, debe recordarse que Donald Trump tiene una gran deuda con los migrantes que pese a carecer de los requisitos legales, siguen llegando a Estados Unidos.

Los migrantes sumaban al inicio de esta década el 3.6 por ciento de la población mundial, es decir, 281 millones, de acuerdo al Informe sobre las migraciones en el mundo 2024, elaborado por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) de Naciones Unidas.

La comprensión de esa cifra debe acompañarse de la cantidad de dinero o en especie que es enviada por los migrantes a sus países de origen, y que para 2022 sumó 831 mil millones de dólares estadunidenses, con la precisión de que se trata de la cifra que transita por canales oficiales, es decir, que otros mecanismos de transferencia quedan fuera, lo que eleva su monto.

Podemos entonces asumir que los países donde llegan los migrantes transfieren riqueza a otros. Los tres primeros de salida son Estados Unidos, Arabia Saudita y Suiza para 2022, mientras los de llegada los encabeza India seguido de México y luego China.

De uno preguntarse qué pasa en India y China, pues sus tasas esperadas de crecimiento económico para el recién terminado 2024 y el ya nacido 2025 son altas en el contento mundial: 4.8 y 4.5 por ciento en China y 7.0 y 6.5 por ciento en India, mientras la cifra mundial, para estos dos años, es de 3.2 por ciento, de acuerdo a las Perspectivas de la Economía Mundial del pasado octubre elaboradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Es decir, más que falta de crecimiento estaríamos hablando de un problema de distribución de la riqueza, lo que nos adentra en las estructuras sociales pero sobre todo políticas, que permiten esa mala distribución.

Hay que recordar que en general Asia se perfila como el gran campeón económico de este siglo, y de ese continente, encabezan China y de manera creciente India. Así, si las políticas de redistribución se mantienen sin mejorar, ese campeonato tendría pies de barro y riego de derrumbarse.

En ese amplio contexto, las políticas para criminalizar a la migración irregular, aún aceptando que en un mundo ideal todo migrante debería seguir los canales legales de cada país, podrían mostrar crueldad y eficiencia en el corto plazo, pero solo mientras los migrantes y las redes que facilitan sus viajes, encuentran nuevas formas para lograr su objetivo.

En toda la anterior realidad México figura con varios papeles: lugar de salida de migrantes nacionales; destino importante de remesas, paso de migrantes de otros países.

“A través de diversas acciones de verificación migratoria”, informó el Instituto Nacional de Migración (INM) mexicano en junio pasado, había encontrado de enero a mayo anteriores a 1 millón 393 mil 683 personas extranjeras que viajaban por el país en condición irregular provenientes de 177 países de los cinco continentes, encabezados por países latinoamericanos.

Ante los reportes del aumento de migrantes sin documentación tras la elección presidencial de Trump y antes de su toma de posesión, es lógico suponer que este tipo de migración representará todo un reto tanto interno como externo para el gobierno mexicano.

Lo será de manera interna ante las necesidades que representarán aquellos que sean detenido, pero de manera especial, para evitar que el racismo que ya se ve crezca, haciendo entender que los migrantes no son delincuentes.
Y de forma externa para encontrar una vía de negociación exitosa con el próximo gobierno de Trump, pues México es imposible que se convierta en muro o gran asilo, más aún si el tema migratorio es solo un capítulo, importante sin duda, pero solo un capítulo de la agenda bilateral.

Si el entrante gobierno estadunidense rechaza ver a los migrantes como seres humanos, México, sus autoridades y su gente debe mostrar la otra cara de la moneda y dar trato humano a los migrantes. De alguna u otra manera, muchos mexicanos tienen a un migrante en el vecino país.

De salida: el atropellamiento masivo en Nueva Orleáns y el estallido de o en un vehículo Tesla en Las Vegas, ¿abren una nueva era de hechos similares relacionados con la presidencia de Donald Trump?
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