El balón comenzó a rodar en los tres países de América del norte, haciendo olvidar a buena parte del mundo los conflictos que enfrenta. Sin embargo, ¡el mundo también rueda!, y muchas veces ese rodar cuesta vidas, a veces cientos.
Con mucho, recordemos que el principal suceso que coexiste con los juegos mundialistas es el conflicto entre Irán y Estados Unidos, pero que involucra de manera mucho muy cercana a Israel, Líbano y los países del Golfo Pérsico, un conflicto que ha afectado de manera directa el abasto de combustible, entre otros productos, lo cual ha generado un fuerte motivo de malestar entre el consumidor estadunidense a cinco meses de las elecciones en que se renovará el Congreso de ese país.
La buena noticia es que el viernes se firma un memorándum de entendimiento entre los dos principales actores. Pero desgranando esa noticia, queda casi humo. No es un acuerdo de paz formal, y pocos detalles se conocen de su contenido.
El tema central del poder nuclear que busca Irán sigue en el aire. Y es muy poco factible que el país islámico acepte renunciar a conseguirlo. Más allá del contenido final del documento que se firmará el próximo viernes 19, el hecho es que el sistema casi teocrático iraní sigue en pie, el régimen político también sin que la sociedad se haya levantado contra ambos, es decir, los objetivos estadunidenses han fracasado, lo cual solo significa que el tema iraní sigue vivo y generará nuevas tensiones en el futuro.
El sistema iraní, en contraste, tiene un nuevo héroe: el ayatolá Ali Jamenei, cuyo asesinato por un bombardeo estadunidense, se dirá, no fue en vano.
En América Latina destacan estos días dos temas. Uno, las elecciones presidenciales en Perú, y el segundo, la situación en Haití.
En el país andino las elecciones de segunda vuelta del pasado domingo siete de junio presidencial tenían pendientes el conteo de 773 actas, mientras se había contabilizado el 99.16 por ciento del total, con 50.12 por ciento de sufragios para Keiko Fujimori y 49.89 para Roberto Sánchez.
Esas cifras distan mucho de dar claridad a quien gane, y avizoran desde ahora inestabilidad en un país que en los pasados años no ha mostrado precisamente estabilidad, pues la polarización ha sido uno de sus sellos. El problema se agrava por los tiempos tan largos que lleva el conteo electoral en ese país, lo que solo mantiene la tensión si no es que la aumenta.
En Haití de nueva cuenta el secretario general de Naciones Unida, António Guterrez, ha pedido ayuda para esa nación y advertido otra vez sobre la violencia de las pandillas que evitan todo tipo de desarrollo o crecimiento en esa isla. Aquí, subrayemos dos puntos: la pobreza educativa, cultural, social y económica, parece haber sido el embrión de las pandillas de no dejan a esa nación.
Laas fuerzas de paz de Naciones Unidas, los famosos «cascos azules», se muestran insuficiente porque algo que no se ha entendido en Haití ni en otra partes del orbe, es que la fuerza no soluciona los problemas que origina la pobreza, más bien los agrava.
En este momento tambien transcurre otra cumbre, la de los siete países más industrializados del mundo, donde más allá de los temas de su agenda formal, transcurre con los puntos centrales de la crisis en Irán y el alejamiento entre Estads Unidos y el resto de miembros del grupo.
Parecería claro que mientras no exista un nuevo modelo de organización internacional, o el vigente que cada vez se muestra más inoperante, esas reuniones y esos grupos avanzarán milímetros, todo para el malestar del mundo.
Pero, mientras, a seguir disfrutando el mundial futbolístico, que apenas va por su segunda semana.
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