La angustia, el temor, la desesperación, rabia y deudas millonarias, son elementos que se agregan a un escenario todavía desolador, lleno de escombros, caos e incertidumbre, y es con lo que a diario viven después del sismo del 19 de septiembre cientos de habitantes de las comunidades afectadas en Puebla.

A 30 días de la tragedia, los habitantes revelan que las autoridades en realidad no han mandado ayuda para demoler o componer sus casas derivado de los movimientos telúricos, y que en algunos casos derrumbaron inmuebles. Por lo tanto, son los propios habitantes quienes se han dado a la tarea de tirar algunas edificaciones.

“No queremos que nos vean como un pueblo fantasma”, relata Mariana, quien es vecina del municipio de Atlixco, y que circula por las calles de esa localidad donde se constata los fragmentos o restos de material con el que estaban hechos los inmuebles derrumbados.

En ese sentido, exigió al ayuntamiento a que trabaje con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para que las obras de reconstrucción que están clausuradas, no se queden así. Construcciones bloqueadas porque eran sitios antiguos pero que eran necesarios tirar.

“En nuestra comunidad dependemos mucho del turismo entonces al ver así las calles, con caos y llenas de escombros, no se quedan a visitarnos, y se van”, precisó.

Aunado a ello, dijo que después del sismo a algunos afectados les dijeron que tenían que desalojar su vivienda, pero los dejaron “a la suerte” porque los propios afectados tienen que buscar a dónde vivir.

“Es incómodo para las personas, hay muchos lugares que están fracturados por el sismo, y es peligroso que pasen por estas calles”, advirtió.

Relató que el temor sigue, porque vaya a ver otro temblor, ya que con cualquier ruido se espantan: “todavía vivimos con miedo”.

 

Deben millones

Don Manuel, explicó que algunos de sus vecinos decidieron tirar por su propia cuenta las casonas donde habitaban o servían para los comercios, debido a que las autoridades y peritos les dijeron que ya eran inservibles, pero sólo eso, nomás les dijeron, pero no los ayudaron a ejecutar las obras.

Tras el terremoto y una vez que les informaron que sus inmuebles ya no eran habitables, los afectados comenzaron con el derribo de los inmuebles, sin embargo el INAH clausuró algunas obras por considerarlas históricas.

Incluso, el INAH les advirtió que si no quieren pagar la multa millonaria, que donen el terreno.

“Los letreros que pusieron es que hay que ir al INAH, sino, hay una multa muy grande; pero si las casas se están cayendo y no nos ayudan a derrumbarlas, pues ya no sabemos qué hacer, cómo las vamos a dejar así”, reveló.

“Dicen que hay ayuda, pero no sabemos a dónde acudir” sostiene el señor a un mes de la tragedia.

Los abandonó el gobierno

En tanto, Inés, propietaria del hotel Olinalá ubicado en Atlixco que resultó dañado, reveló que tras las afectaciones por el sismo del 19 de septiembre, las torrenciales lluvias remataron para que el hotel quedara todavía peor.

“Debido a las tormentas eléctricas se nos metió el agua a las habitaciones, y se echaron a perder muebles, colchones, y no hemos tenido alguna respuesta de las autoridades o apoyo”, expuso.

Algunos les dijeron que pidiera un préstamos en el banco para remodelar el inmueble, sin embargo, comenta que cuando abrió el hotel solicitó un préstamo, en ese sentido, a la fecha le es imposible requerir otro.

“Me faltan otros tres años para pagar la primer deuda, entonces cómo voy a pedir más dinero, sino he terminado de liquidar lo primero”, subrayó.

Reveló que para que su hotel pueda resurgir nuevamente, algunos conocidos y familiares le otorgaron material de construcción; mientras que por parte del gobierno no ha recibido nada.

“Yo espero que se acerque el gobierno a ayudarnos, para que levantemos a Atlixco, porque sería fácil decir, pues me voy de aquí y que se quede el hotel en escombros, pero también hay familias que dependen de esto como una fuente de empleo”, remató.

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