«Ya mataron a la jota o ya mataron al puto”, son de las expresiones que pasan de boca en boca, de mensaje en mensaje, entre los habitantes en poblaciones de diferentes municipios de Puebla, pero tales hechos no salen de esos territorios para que no se entere la demás gente sobre los “transfeminicidios”.

Son localidades como Matamoros, Tehuacán, Libres, Teziutlán y Zaragoza, donde son mucho más discriminadas las personas transexuales, de acuerdo con Gaby Chumacero, presidenta del grupo TransPuebla.

“Allá (en esas comunidades) no los sacan al público”, lamenta.

Uno de los casos más recientes que describe a Síntesis, es el de Zaira Yaretzi Martínez, una mujer trans que padece un desplazamiento forzado de su comunidad en Tepeojuma.

Sus vecinos la han amenazado de muerte, allanado su casa y hostigado con machetes en mano.

De ahí que obtuvo el apoyo de Margarita Aguilar Vázquez, fiscal de Atención a Delitos de Género en Puebla.

Chumacero tiene contabilizados del año 1996 al presente año (2017) un total de 150 transfeminicidios; de los cuales en los tres últimos años se han perpetrado cinco casos. “Chicas que mataron dentro de sus casas, fuera de ellas, o en el trabajo”.

Recalca que hoy en día la discriminación es muy visible tanto para la sociedad como para el gobierno del estado, y en todos los sectores.

La también representante de la Red de Mujeres Trasngénero en Puebla, puntualiza que la Fiscalía General del Estado hace caso omiso a este tipo de agresiones violentas, porque las chicas vienen de la Sierra o de otros estados, de familias indígenas, “que no saben de sus derechos”.

Se recrudece la discriminación

A la par, sostiene que hay chicas que se dedican al sexo servicio y cuentan con una preparación en Leyes, son doctoras, o dentistas, pero el simple hecho de que son transexuales no les dan algún trabajo.

“Les dicen, eres una chica sexual, trans, gay, tienes VIH; es lo primero que te critican, cuando nosotras estamos más sanas que la población en general”, remarca.

Hoy nuestra vida cotidiana es más femenina que masculina, acentúa la activista

Vivir la agresión

Violeta Montenegro llegó a la ciudad de Puebla, proveniente de la Sierra, con la intención de encontrar un mejor apoyo como una chica transexual, pero la intolerancia e inseguridad de algunas personas le dejaron cicatrices de por vida.

Narra que hace cuatro meses recibió una agresión violenta en la zona donde se encontraba brindando servicios sexuales.

La joven de 23 años, sufrió un intento de homicidio; una herida en el cuello de 17 centímetros de largo con tres centímetros de profundidad, y una herida más a la altura del mentón de 10 centímetros.

“En sí fue un tipo desconocido; llegó, me exigió dinero, me exigió el teléfono, y me agredió”, comenta.

Denuncia que por parte de la Fiscalía del Estado no realizó el trabajo correspondiente para dar con el agresor; el Ministerio Público no buscó las pruebas necesarias para defender a Violeta. “No hubo interés por parte de él, incluso hubo discriminación”.

“Todas no estamos exentas de sufrir una agresión de cualquier tipo, pero en este caso simplemente hay que tener mucho cuidado”, indica.

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