Por más de 25 años se ha dedicado a la elaboración y venta de tamales. Don Javier Rojas Morales, es originario de San Pablo Zitlaltepec, Tlaxcala, pero desde ya tiempo atrás radica en la Ciudad de Puebla.
Su orígenes no los olvida. Recuerda que fue campesino, se dedicaba a la cosecha, sin embargo, uno de sus hermanos vendía ya tamales en la Ciudad de México, de ahí que recibió la invitación para dedicarse a ello.
Todos los días se levanta -junto con su esposa- a las 4 de la mañana, para iniciar con la preparación de los ingredientes que lleva un tamal tradicional y además elaborar el atole o chocolate, bebidas para acompañar.
Dependiendo del tamaño del recipiente (tamalera) donde van almacenados para la venta, es como Don Javier prepara cierto numero de tamales, van desde las 80, hasta las 200 piezas.

El señor de 43 años tiene a su cargo cinco carritos para vender tamales, los cuales, uno lo maneja él, otro su esposa, y tiene a tres empleados más. Todos desde muy temprano del día salen desde la casa en la colonia La Roma, ubicada al norte de la capital poblana, hasta la zona del Centro Histórico.
De rajas, de mole, de dulce, verde, jarochos… existe una gran variedad de este antojito, sin embargo, a decir de Don Javier, los que más piden los poblanos son los de rajas y verdes; le siguen el de mole y un poco el de dulce, así como los jarochos.
El tamal es un plato de origen indoamericano preparado generalmente a base de masa de maíz rellena de carnes, vegetales, chiles, frutas, salsas y otros ingredientes, envuelta en hojas vegetales como de mazorca de maíz o de plátano, bijao, maguey, aguacate, canak, entre otras, e incluso papel de aluminio o plástico, y cocida en agua o al vapor.
Los costos del platillo varían, los tradicionales cuestan 10 pesos solos, o con torta 12 pesos; mientras que los jarochos, se encuentran en 13 pesos y con torta 14.
En una plática con Síntesis, Don Javier, precisa los peligros a los que se enfrentan al salir a la calle todos los días, ya que algunos automóviles –en ocasiones- no los respetan al circular por las avenidas; además tienen que sortear los baches, y a las lluvias.

La tamaliza
En el marco de este 2 de febrero, día de la Candelaria, fecha en que con una tamaliza, la purificación de las semillas para la siembra, llevar al Niño Dios a la iglesia y la bendición de las velas, se marca el fin de las festividades decembrinas; el comerciante subraya que se aumenta la venta del tamal.
“Prácticamente tenemos que hacer el triple del producto, porque tenemos pedidos y mucha gente compra demás a la mera hora”, precisó.
Pero toda esa labor, de levantarse temprano y preparar todos los ingredientes para los tamales, ahora ya no es tan bien redituable.
“Antes, que éramos pocos (tamaleros) la verdad sí se ganaba bien, pero ahora ya le teneos que luchar más y pararse más temprano para acaparar el mayor numero de clientes”, precisó.
No obstante, resalta que a raíz de este negocio ha conocido a diversas personas, algunos son sus amigos, otros sus enemigos, pero le queda la satisfacción de que le compren hasta gente del extranjero: alemanes, estadounidenses, entre otros.






















