Con la misma franqueza que lo ha caracterizado en las últimas décadas, Michael J. Fox ha vuelto a conmover al mundo. En una profunda entrevista con The Sunday Times, el actor que dio vida al inolvidable Marty McFly en «Volver al Futuro» habló sin tapujos sobre su convivencia de 35 años con la enfermedad de Parkinson y compartió su perspectiva sobre la muerte.
Diagnosticado a los 29 años, en la cúspide de su fama, Fox ha enfrentado este «trastorno neurológico que afecta el movimiento y el equilibrio» con una valentía pública que lo ha convertido en un símbolo de lucha y esperanza. Sin embargo, en esta ocasión, sus palabras abordaron el tema con una serena honestidad.
«Me gustaría simplemente no despertar un día»
Al ser cuestionado sobre cómo visualiza el final de su vida, el actor respondió con un deseo marcado por la paz y la ausencia de drama. “Sería genial. No quiero que sea dramático. No quiero tropezar con los muebles y golpearme la cabeza”, confesó.
Esta reflexión no surge desde un lugar de derrota, sino como parte de la comprensión profunda que tiene sobre su condición. Fox explicó la complejidad del Parkinson, señalando: “No hay una línea de tiempo, no hay una serie de etapas por las que pasas… Es mucho más misterioso y enigmático”.
La trayectoria de Fox es un testimonio de fuerza. Desde su salto a la fama como Alex P. Keaton en «Family Ties» —rol que le valió tres premios Emmy— hasta el estrellato global con «Volver al Futuro», su carrera siempre fue ascendente.
A pesar del diagnóstico en 1991, no se detuvo. Continuó protagonizando la exitosa comedia «Spin City» y, en 1998, decidió hacer público su padecimiento. Desde entonces, volcó su energía en la Michael J. Fox Foundation, la organización sin fines de lucro que ha recaudado más de 2,000 millones de dólares para la investigación del Parkinson.
Además de su incansable activismo, Fox es autor de varios libros donde narra su vida y su lucha, siempre con un notable optimismo y sentido del humor.
Hoy, a los 63 años, sus palabras sobre la muerte no son más que otra lección de dignidad. Son la reflexión de un hombre que, tras vivir décadas con una enfermedad impredecible, anhela un final tranquilo para una vida extraordinariamente intensa y llena de propósito.































