En el mercado Francisco I. Madero, la temporada de Día de Muertos no termina con las flores marchitas ni con los altares desmontados. Aquí, los dulces típicos que no lograron venderse encuentran una segunda vida en manos de los artesanos que los transforman en engrudo para piñatas navideñas.

De acuerdo con Juan Moreno, el proceso es sencillo pero ingenioso: los restos de dulces se disuelven en agua hirviendo y sustituyen al engrudo tradicional de harina, lo que permite aprovechar al máximo los productos sobrantes y reducir el desperdicio.

Entre periódico y el aroma dulce amargo del engrudo improvisado, el taller de don Juan se llena de vida.

En cada figura que sale del mercado Francisco I. Madero se mezclan dos tradiciones que definen el espíritu mexicano: honrar a los muertos y celebrar la vida.

Porque aquí, hasta los dulces que se quedaron en el mostrador vuelven a brillar… convertidos en color, alegría y esperanza para la Navidad.

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