En el marco del Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, la psicóloga clínica y psicoterapeuta infanto-juvenil, María Fernanda Proal Sánchez, nos habló de la importancia que actualmente tiene el tema, principalmente en niñas, niños y adolescentes.

“Creo que este día conecta con tantas familias porque la depresión no es un tema lejano: impacta la vida cotidiana, afecta el ánimo, la energía, el sueño, la motivación, las relaciones y muchas personas la han visto de cerca, ya sea en alguien querido o en ellas mismas”.

Destacó que es muy importante hablar de depresión porque todavía hay mitos que retrasan la ayuda: “a veces se interpreta como ‘flojera’, ‘drama’, ‘falta de carácter’ o ‘échale ganas’, cuando en realidad estamos hablando de un trastorno del estado de ánimo que puede alterar el pensamiento, el cuerpo y el funcionamiento. Hablarlo reduce el estigma y abre la posibilidad de pedir ayuda a tiempo”.

Agregó que, cuando el tema se lleva a niñas, niños y adolescentes, la conversación es todavía más urgente porque es una realidad poco visible. En la infancia la depresión no siempre se ve como llanto, muchas veces aparece como irritabilidad, aislamiento, cambios en la conducta, en el rendimiento escolar o incluso quejas físicas, y por eso se puede confundir con ‘etapas’, ‘rebeldía’ o ‘mala conducta’.

A nivel nacional hay señales claras de que el malestar emocional en adolescentes es relevante: según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) en 2022, 45.8% de adolescentes reportó uno o más síntomas depresivos lo que demuestra una carga importante de síntomas en la población y de la necesidad de detección temprana.
Y si pensamos en consecuencias, también hay un dato duro que nos obliga a tomarnos el tema en serio como sociedad: de acuerdo con INEGI, en 2024 se registraron 8,856 suicidios en México en población infanto-juvenil, o sea, de diez a dieciocho años. El suicidio no se explica solo por depresión, pero sí está estrechamente relacionado con el sufrimiento emocional y con la importancia de intervenir a tiempo, señaló la también docente de la Universidad Iberoamericana y de la Universidad Anáhuac.

La especialista detalló que es importante diferenciar la tristeza de la depresión para dar el siguiente paso, que es la atención: la tristeza es una emoción y es adaptativa, nos ayuda a afrontar duelos, a enfrentar situaciones cotidianas en nuestro día a día, es pasajera, momentánea, mientras que la depresión tiene que ver con la intensidad, la frecuencia y el impacto, el nivel de la funcionalidad del paciente. Por ejemplo, si ya no quiere ir a la escuela, le desmotivan cosas que antes le motivaban, se encierra, incluso también tiene dificultades académicas en materias que antes le estaba yendo muy bien y, sobre todo, dificultades neurovegetativas como cambios en los hábitos de sueño, alimentación y el nivel de energía, que se le llama anhedonia, que es la dificultad por sentir placer o ya no sentir placer por cosas que antes le gustaban.

¿Qué hacer como padres o madres ante los primeros síntomas? El primer paso sería acercarnos con empatía, con validación y con escucha asertiva, para que al niño o al adolescente se le quite esta gran culpa, porque viene combinado con pensamientos intrusivos o pensamientos cognitivos que suelen ser catastróficos: «No sirvo para nada, soy un inútil, ojalá me muriera, ojalá me pudiera ir al cielo». Este tipo de frases, de pensamientos, ya los estamos empezando a escuchar desde edades muy pequeñas. Entonces, como papás escuchar y validar desde un aspecto mucho más profundo, más allá de algo superficial o algo pasajero.

Proal Sánchez enfatizó que lo ideal sería buscar ayuda desde los primeros síntomas, porque se puede trabajar desde la atención temprana; cuando los síntomas clínicos van avanzando, cada vez es más difícil. Se puede empezar con una depresión leve, si dejamos esperar, puede convertirse en una depresión de moderada a grave, e incluso suele necesitarse algún medicamento psiquiátrico. Entonces, es muy importante buscar ayuda desde las primeras señales, no solamente de evaluación clínica infantil, sino también, si se se requiere, la valoración psiquiátrica.

¿La depresión es hereditaria? “La etiología de la depresión es multifactorial. Sí es un componente genético, muchas veces hereditario, pero también hay situaciones exógenas o ambientales. Si vivimos en una familia que tiene antecedentes de depresión, por supuesto que puede afectar a nivel de funcionamiento familiar. En la infancia hablamos de EAIs, que son experiencias adversas donde una de las características como focos de riesgo para padecer algún trastorno, pues es precisamente que algún familiar directo o indirecto padezca alguna enfermedad psiquiátrica. Entonces sí, claro que influye”.

Hay que empatizar con el tema, sensibilizar y que no tengamos miedo a hablar ya que es muy importante ir caminando de la mano, tener cada vez más información y, sobre todo, escuchar a los niños, porque al final, son nuestro futuro como sociedad. Y si logramos encaminarnos a esta empatía, podemos ser un mundo mejor, finalizó.

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