Entre colores, moldes, ollas y engrudo, la familia de Juan José Moreno Jarillas trabaja, junto a su familia, en el mercado Francisco I. Madero, en Puebla capital, para darle vida a la navidad a través de la elaboración de piñatas.

Desde hace más de 25 años trabaja en la elaboración de este elemento esencial para la navidad mexicana, que más que adorno es el corazón de las posadas.

El secreto está en el engrudo, una mezcla artesanal que prepara reciclando las calaveritas de azúcar que sobran del Día de Muertos. Las derrite en una cazuela, las combina con harina y agua, y las bate hasta lograr una pasta espesa que servirá como pegamento para forrar las ollas de barro, traídas desde Amozoc, para ponerle cinco o siete picos.

Las actividades de la familia empiezan desde agosto, cuando diseña los moldes, arma los conos y traslada las ollas. Cada pieza debe estar lista antes del 20 de noviembre, justo a tiempo para la temporada más fuerte de ventas.

Las piñatas tradicionales se elaboran bajo pedido y al mayoreo: una docena de cinco picos cuesta 720 pesos, mientras que la de siete se vende en 900. También las ofrecen al menudeo —80 y 100 pesos por unidad, respectivamente— o en versiones gigantes, cuyo precio depende del tamaño y los materiales.

Con esta labor, la familia Moreno Jarillas mantiene viva una tradición que combina ingenio, reciclaje y paciencia. Cada piñata que sale de su puesto lleva algo de su historia: una forma humilde, brillante y persistente de resistir el paso del tiempo.

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