«No sabemos si puede ser un castigo de Dios; pero sólo él sabe porque hace las cosas», lamentó don Graciano Villanueva, al ver la iglesia de la comunidad de Atzala totalmente destruída y donde abajo de esos escombros sacaron a gran parte de su familia muerta.
Y es que en el templo se llevaba a cabo un bautismo el día del sismo.
Don Graciano es el padre y yerno de los que serían los padrinos de la celebración religiosa.
Los habitantes ahora se interrogan, ¿por qué una fiesta en martes? Ya que en su mayoría ese tipo de reuniones se hacen en fin de semana.
Pero la versión de los familiares es que los padrinos no podían el sábado o domingo siguiente, por lo que acordaron realizarla el pasado martes 19 de septiembre; día del terremoto.
Elideth era la niña que sería bautizada; apenas hace tres meses su mamá, Manuela de León, la había traído a este mundo. El papá, Ismael Torres, se encuentra internado.
Una hija más, María de Jesús, también murió.
Los padrinos eran Florencio Flores Nolasco y Susana Villanueva; ellos llevaron a sus hijos, Samuelito y Azucena de 3 y 4 años, junto con la abuela, Carmen, y también a una hermana de Susana, llamada Feliciana; todos murieron.
Ellos, a su vez, invitaron a otros familiares, Facundo Flores Nolasco, Fidelia Nolasco Zárate, Aurelia Vázquez; igual, perdieron la vida.
En la iglesia también se encontraba María de Jesús, de 21 años, quien fue rescatada y trasladada al hospital.
¡Perdónanos señor! rezaron por varias horas los vecinos y habitantes de Atzala frente a los 11 féretros enfilados sobre una calle y bajo una lona.
Ahora las flores, veladoras y santos, que las víctimas habían ido a visitar el martes y que formaban parte de la iglesia, eran en su honor, para honrarlos.
«Descansen en paz», es lo único que les queda decir a toda la comunidad de Atzala, que llora a sus difuntos.
Un daño irreparable
Doña Margarita Morales Villegas cuenta con 70 años; desde que tiene memoria la Iglesia en honor al santo patrono Santiago Apóstol, ya existía.
Ahora se asoma a ver por la cerca del atrio como su monumental parroquia está hecha pedazos.
«Muy lamentable, muy lamentable, era una obra muy antiguisima, y lo sentimos bastante que se nos haya derrumbado», dijo.
Recordó que en el año 1985 la misma iglesia sufrió algunos daños pero se pudieron reparar; hoy a 32 años, no resistió y colapsó.
«Un dolor muy grande siento hoy, porque prácticamente era nuestra casa», lamentó.























