Por: El Psicólogo Carlos Muñoz
¿Por qué vemos con tanto deseo ese taco que estamos a punto de comernos, justo cuando estamos presenciado que remojan la tortilla por un aceite que está más quemado que aquella persona que dice que no regresará con su ex y al tercer día vuelve a colgar una foto junto a ella en sus redes sociales?
Para como están las cosas no podría decir a ciencia cierta, cuál de las dos situaciones nos podrían causar más daño, pero si lo supiéramos, seguramente elegiremos la que más nos lastime y encontraremos una manera racional de justificarlo, pero como es mi costumbre, no es mi intención venir a insultar las decisiones que cada quien toma; hoy, hablaremos de por qué hacemos cosas que, aún sabiendo que son nocivas para nuestra salud, ya sea física o emocional, las seguimos haciendo y principalmente de manera consciente, porque aunque no se crea, esto tiene una o muchas explicaciones psicológicas.
Lo primero que me gustaría delimitar es que todo depende del cristal con el que se mire, cada persona tiene un umbral del dolor completamente diferente, es decir, lo que para mi puede ser algo incómodo, para otra persona pueden ser juegos de niños, del mismo modo no puedo generalizar ni lo bueno ni lo malo, así que al momento que leas esto te pido que intentes entender el dilema por el que pasa el humilde escritor de esta columna semanal de salud mental.
Cuando de identificar errores ajenos se trata somos el experto número uno, algo completamente opuesto a la hora de asumir los propios, pero digo, ¿A quién le gusta saber que la está regando? aparentemente esta respuesta no tiene tanta ciencia, ya que preferimos culpar a la otra persona, al contexto, a la situación, al clima o nos justificamos hasta porque pasa la mosca, pero lo sabemos, muy en nuestros adentros y cuando estamos solos con nuestra soledad, surge esta voz interior (que regularmente es nuestra misma voz, pero hablándonos como si fuéramos estúpidos y lo único que hace es comenzar a regañarnos) la cual nos hace cuestionarnos si lo que estamos haciendo nos hace sentir cómodos o incómodos, pero bueno, esto solo es contexto, la columna no es de responsabilidad emocional, sino de porqué hacemos y disfrutamos de las cosas que nos hacen daño.
Freud decía (a muy simplificadas palabras y desde lo que yo entendí) que el ser humano posee, entre tantos tipos de energías, dos pulsiones que todo el tiempo interactúan de manera opuesta (entendamos la pulsión como una fuerza que impulsa al ser humano a llevar a cabo una o muchas acciones con el fin de satisfacer tensiones internas) estas dos pulsiones de las que estoy hablando son las de vida y muerte, y para no enredarlos tanto y como sus nombres lo dicen, una de ella busca preservar la vida, y para ello se apoyará de los medios que sean necesarios, por el otro lado encontramos la de muerte, esta energía lo que persigue es la terminación o fin de nuestros días.
Ahora, llevando esta teoría psicoanalítica (ojo, solo es una teoría) como herramienta para poder explicar el disfrute de nuestras conductas nocivas, podríamos decir que lo hacemos porque dentro de nosotros existen energías, las cuales tienen como finalidad principal la destrucción y el caos, en nuestro caso nos estaríamos refiriendo a la autodestrucción, sin embargo, esto lo único que hace es quitarnos la responsabilidad de lo que hacemos de manera frecuente.
Al hablar de cosas que sabemos que nos hacen daño, me refiero a hábitos, comidas o bebidas y hasta personas o relaciones que lejos de aportar algo positivo a nuestras vidas, lo único que hacen es robarnos energía, tiempo y salud, es cierto que detrás de cada conducta autodestructiva se encuentra el placer, esto quiere decir que, desde nuestra perspectiva, vale más la pena el disfrute que se siente al momento, que la consecuencia negativa que esto pueda traer para el futuro.
Si esto mismo lo intentamos relacionar con nuestras interacciones personales o amorosas, podríamos decir que, los buenos ratos justifican los malos tratos, es por eso que cuando las personas nos tratan mal, solemos no hacer nada y esperar que de la noche a la mañana se den cuenta que con sus acciones nos lastiman, y todo esto lo permitimos porque vemos con añoranza los momentos lindos que hemos pasado al lado de esas personas, aunque lo que terminamos haciendo, es asumir el papel de la víctima (porque tal vez, y solo tal vez, encontremos placer detrás de eso) pero todo esto será, para otra columna.
Como lo mencioné al inicio, cada caso es un caso, lo que sí es cierto es que tenemos todo el tiempo, la capacidad de cambiar aquellas circunstancias que consideremos nos producen malestar, y en dado caso de decidamos continuar con estas acciones, saber que lo estamos haciendo de manera consciente y así mismo afrontar las consecuencias que posiblemente sean negativas.
Espero que esta columna haya resuelto un poco las dudas que se tienen sobre por qué hacemos cosas que no nos hacen bien, y en muchos casos lo disfrutemos, si esto lo único que hizo fue despertar más dudas, te invito que me las dejes en redes sociales, me encuentras como @psicologocarlosmuñoz y de ser necesario hagamos otra columna tratando temas más específicos, por esta semana me despido y nos saludamos la siguiente, lee esto con la mayor sabiduría posible y recuerda que, puedo estar equivocado.



























