Cada lunes en las escuelas y en todo evento de índole civil se entona el Himno a Tlaxcala, en él sus notas evocan la fuerza indomable de Tlahuicole como aquel personaje que en tiempos mesoamericanos se destacó por sus gestas prodigiosas. Se le ha visto como un héroe histórico, un guerrero valiente y símbolo del valor de los tlaxcaltecas que murió como héroe de la guerra florida.

Tlahuicole ocupa un lugar importante en la conciencia colectiva de los tlaxcaltecas, que con la fuerza que ha legado, se ha formado el carácter de la sociedad actual. Cada vez que se evoca su figura se pondera su valor para sobreponerse a las circunstancias adversas que recaen sobre los tlaxcaltecas de hoy.

Para humanizar a Tlahuicole, es necesaria una revaloración de la figura histórica de este personaje para conocerlo desde su dimensión humana sin hacer de lado los destellos sobrenaturales con que lo han presentado. La intención será conocer algunos detalles de su vida que se han rescatado a través de las fuentes históricas de tradición indígena y española que refieren sus hazañas.

Resulta pertinente mencionar que para lograr una reconstrucción histórica de este personaje no se tomarán en cuenta los estudios modernos que se han escrito sobre Tlahuicole, ya que estos se desprenden de otros y a su vez de otros más, que con el afán de ensalzar y enaltecer su figura como símbolo del valor de los tlaxcaltecas; en buena medida omiten la revisión de las fuentes históricas.

Las fuentes históricas que refieren aspectos de este personaje son la Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo, la Historia cronológica de la noble ciudad de Tlaxcala de Juan Buenaventura Zapata y Mendoza, la Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme de fray Diego Durán y la Crónica Mexicana de Hernando de Alvarado Tezozómoc.

Diego Muñoz Camargo en su Historia de Tlaxcala refiere que en los últimos años del gobierno de Moctezuma Xocoyotzin los tlaxcaltecas hicieron guerra a los huexotzincas, quienes pidieron la ayuda de los mexicas. Durante una batalla los huexotzincas lo cautivaron y lo pusieron en una jaula de madera para ofrecerlo a Moctezuma, como lo menciona Zapata y Mendoza en su obra Historia cronológica. El tlatoani lo honró mucho, le permitió de hacer venir su mujer preferida y al emprender una guerra contra los tarascos le ofreció el mando de una parte del ejército mexica. A pesar de sus proezas, con las cuales Tlahuicole «ganó entre los mexicanos eterna fama de valiente y extremado capitán», los mexicas no pudieron penetrar en el territorio del enemigo.

Cuando regresó a México, Moctezuma le ofreció volver a Tlaxcala o un puesto de capitán en el ejército mexica. Rechaza ambas ofertas para no traicionar a su pueblo y para preservar su honor, por lo que solicita al tlatoani morir como los valientes. Cuando se acercó la fiesta de los guerreros heroicos, Tlahuicole fue festejado durante ocho días con bailes y banquetes durante uno de los cuales «le dieron a comer la natura de su mujer guisada en un potaje».

Luego fue inmolado en el sacrificio llamado gladiatorio, en el que atado con una cuerda a una rueda de piedra tuvo que luchar con armas ficticias contra caballeros águila y jaguar bien armados. A pesar de esto, logró matar más de ocho hombres y herir más de veinte antes de sucumbir. Luego lo sacrificaron a Huitzilopochtli. «Y éste fue el fin del miserable Tlahuicole de Tlaxcalla, el cual no fue de los muy principales, sino un pobre hidalgo que, por sólo su valentía y persona, había tenido valor, y, si no fuera preso, llegara a ser muy gran señor en esta provincia.»

Por otra parte, Torquemada lo presenta como un tlaxcalteca famoso por su valor que, al ser capturado por los mexicas, Moctezuma lo comisiona para combatir a los tarascos. Tlahuicole regresa con el triunfo y un rico botín, pidiendo al tlahtoani mexica que lo matará. Muere en la piedra gladiatoria, le sacan el corazón y arrojan su cuerpo por las gradas del templo.

Muñoz Camargo retrata al héroe con las siguientes palabras “fue de tan grandes fuerzas, que la macana con que peleaba tenía un hombre bien que hacer en alzarla. Éste quiere decir que no fue alto de cuerpo, sino bajo y espaldudo, de terribles y muy grandes fuerzas, que hizo hazañas y hechos que parecen cosas increíbles”. Agrega por otra parte que «dondequiera que entraba, mataba y desbarataba de tal manera la gente que por delante hallaba, que en poco tiempo le desembarazaban el campo». Además, «en sólo oir su nombre, sus enemigos huían dél».

La versión de Diego Durán es menos favorable a Tlahuicole. Durante la guerra entre Tlaxcala y Huejotzinco los huexotzincas pidieron la ayuda de los mexicas quienes atacaron sin ningún aliado quizá para someter solos a la orgullosa ciudad. Moctezuma les recomendó de cautivar al glorioso capitán Tlahuicole. La lucha duró veinte días, los tlaxcaltecas recibían apoyo de otros pueblos y por su parte Moctezuma contó con la ayuda de Texcoco y Tlacopan. Poco después lograron cautivar a Tlahuicole y numerosos guerreros valientes. Al regresar su ejército Moctezuma quiso ver al famoso Tlahuicole y lo convocó. Se afirma que el valiente otomí se presentó ante él muy humilde, le besó las manos y le pidió perdón de las ofensas hechas.

En la Crónica mexicana de Hernando de Alvarado Tezozómoc se presenta a Tlahuicole como un capitán tlaxcalteca con fama de valiente, más digno que sólo dice «me tengo por dichoso de haber visto vuestra real presencia y haber reconocido imperio tan valeroso y tan generoso emperador como vos sois». Sea lo que fuere, el tlatoani lo consuela, lo manda vestir muy ricamente y le da todo lo que puede desear.

Pero el tiempo pasa y Tlahuicole se vuelve cada vez más sombrío. Piensa en sus mujeres y sus hijos, suspira y por fin acaba por llorar todo el tiempo. Siendo las lágrimas de una futura víctima sacrificial consideradas como de mal augurio, Moctezuma es enterado de lo que pasa, se enoja y ordena se le deje libre, pero sin darle de comer. Tlahuicole va casa por casa pidiendo de comer hasta que desesperado marcha hacia Tlatelolco, donde para morir se arroja desde el templo mayor.

Hasta ahora las fuentes presentan sus versiones sobre la vida de este personaje, que hasta cierto punto son limitadas, situación que conlleva a presentarlo como un héroe, un prisionero que muere honrando a Tlaxcala. Los diferentes testimonios muestran diferentes interpretaciones sobre su vida y las acciones que emprendió, así como la forma en la que muere. El lector podrá contar con los elementos para reconocer la esencia de la cultura tlaxcalteca a través de la fuerza indomable de Tlahuicole.

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