Las fuentes para el estudio de la sociedad novohispana son variadas y abundantes que permiten apreciar la realidad para interpretar las formas de vida, particularmente, los ámbitos de la vida cotidiana. Los archivos y bibliotecas resguardan todos estos documentos, mismos que para su estudio y análisis, requieren de un tratamiento de todos los materiales disponibles para hacer más inteligible un periodo de la historia mexicana que reclama atención.

En años recientes, en México, los testamentos son tomados en cuenta como fuentes de conocimiento de la sociedad novohispana. En este caso, la institución que se encargaba de dar cumplimiento a las disposiciones contenidas en estos documentos era la iglesia, por medio del Juzgado de Testamento, Capellanías y obras pías.

Pero, como fuente de conocimiento, qué es lo que contienen. Primeramente, el lugar de nacimiento y dónde radicó el personaje, así como información de sus padres, nombres y lugares de origen, además de su estado civil. El elemento que le dio legalidad al testamento fue su redacción en papel sellado y ante escribano. Otro aspecto de singular importancia y que refleja la religiosidad de la época es la profesión de fe.

Una vez que se ha cumplido con esta situación se pasa a describir el estado de salud en que se encuentra, en plenitud o enfermo. Las disposiciones sobre la forma en la que se ha de enterrar, misas y mandas. Después se nombran herederos y albaceas, para finalmente, hacer la mención de sus bienes.

De este apartado se deprende un tema recurrente en la sociedad novohispana durante el siglo XVIII y orientado hacia las mujeres, el vestido y los ornamentos propios de una mujer. Los patrones sociales se basan en las apariencias, donde se hace evidente la estratificación social. Los inventarios las mujeres de sociedad suelen ser más ricos y son una fuente para la historia de la vida cotidiana, en cuanto a indumentaria y joyería.

En esos años, muchas prendas llegaron de Inglaterra, donde los vestidos alcanzaban precios muy elevados, por la cantidad de ornamentos que complementaban el traje. El siglo XVIII en la Nueva España, inicia como claro ejemplo de la influencia de las modas inglesas y francesas. El individuo o en este caso, las mujeres, podían vestirse bien para intentar ser diferentes o para ser iguales a su grupo de referencia ideal.

El complemento de su indumentaria, son el oro, la plata y las joyas, como signos de suntuosidad llevados en anillos, pulseras, aretes, incluso cintillos de joyas para los peinados. Muchas de estas alhajas y metales preciosos, eran naturales de estas tierras; pero las joyas para las damas provenían de Europa, caso contrario, las perlas de la Nueva España, ya que para estas fechas eran muy recurrentes en los atuendos de hombres y mujeres.

Otro elemento importante, son los muebles donde se resguarda la ropa; roperos, baúles y cajas. Puede deducirse que en los primeros se guardaban los trajes y vestidos; y en los segundos, la indumentaria, ropa blanca y de uso, así como cortinas, sabanas y colchas, finalmente, los zapatos en las cajas.

Se generalizó, entre las familias consideradas dignas y honradas, tener uno o dos biombos, pintados con escenas de la vida cotidiana y pinturas orientales; así como rodastrados, un mueble similar al biombo.

En esa época, las damas lucían vestidos de seda entallados con escotes pronunciados y amplias faldas, debajo se colocaba un armazón de aros llamado guardainfante. Estos trajes tenían plisados, bordados e incrustaciones de hilos de oro y plata, madroños, pedrería, chaquiras, lentejuelas y listones de seda. Para complementar el cuadro, en este siglo aparecen los relojes ingleses que se colgaban en cadenas de oro o listones a los costados del vestido. El complemento, un paraguas, que se usaba cuando salían de paseo.

En los inventarios también aparecen diferentes tipos zapatos para los trajes de lujo, pero no de piel, eran de terciopelo o de otras telas finas, hebillas de oro y plata, con bordados de seda.

Las condiciones de la ciudad no eran óptimas para hacer paseos a pie. El estado de las calles no era el adecuado, y menos en tiempos de lluvias. Para salir a las calles lo hacían montadas a caballo o en sus carruajes, aunque difícilmente descendían.

En las clases altas el atuendo cambia con el tipo de celebración. Los europeos dictaban las modas, pero las influencias asiática y novohispana fueron definitivas, y dieron como resultado prendas excepcionales como el rebozo. Forma parte del traje informal, usado por todas las clases sociales, predominando más en la popular. Cubría la cabeza, el pecho y la espalda; se llegó a utilizar en momentos de luto. También el uso de delantales, que, aun siendo gente bien, era común en todos los estratos, uno de tantos elementos dieciochescos.

Los peinados, a manera de cono, lucían peinetas y una que otra sarta de flores; con el tiempo se complementaron con cintillos de perlas o rubíes, además de las redecillas para recoger el cabello, algunas veces éstas portaban una que otra joya.

Con la invasión de la moda, los collares de gemas fueron sustituidos por una cinta negra de terciopelo con un colgante de pedrería. Dada la abundancia de perlas, además de formar gargantillas se utilizaban en pendientes y brazaletes. Así como había productos que se adaptaron a las modas, también existieron los aderezos. Collares y pendientes de plata repujada montados sobre laminillas de oro y algunos diamantes tabla engastados.

También los productos asiáticos que llegaron en las naos irrumpieron la moda. Sedas, brocados, abanicos y alhajas procedentes de Japón, Filipinas y China. Los abanicos son muy frecuentes en los inventarios, fabricados de marfil, nácar y hueso.

Se acostumbrada el uso de cajas de polvos para tabaco molido que servían para estornudar; quien cargaba sus cajas de polvos, debía llevar consigo sus paños de rape, para sacudir los que cayeran sobre la ropa. Eran fabricadas de marfil, oro, carey, plata y hueso.

Los trajes de las damas tenían influencias goyescas, eran suntuosos, pero de colores oscuros con abundancia de blondas y madroños. Cubrían sus hombros y cabezas, con una mantilla. Para este siglo, fumaban continuamente y hablaban de política, costumbres que adoptaron las damas novohispanas.

Este modelo de interpretación de la sociedad fue implementado en Francia. Las mujeres aristócratas de la segunda mitad del siglo XVIII de la ciudad de México se convirtieron en objeto de estudio, por ser quienes adoptaron la moda de la indumentaria y el traje, como cambio cultural.

En el caso de la Nueva España, a través de la moda y el vestido, se pueden estudiar las transformaciones sociales que sucedieron en la Nueva España, como parte de la historia de la cultura material y del comportamiento social.

La vestimenta cambió a placer, como una señal de oposiciones sociales, en los mismos tiempos de las apariencias. Los mundos aristócrata y urbano de los tiempos modernos se transformaron por la adopción de modas que innovan y los distinguen.

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