Recientemente, se conmemoró el Día del Perro
El perro ha sido mucho más que un compañero fiel: en Mesoamérica, fue una de las únicas dos especies domesticadas por las antiguas civilizaciones, junto con el guajolote. Así lo documenta el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que destaca su papel en la vida cotidiana, ritual y espiritual de las culturas originarias.
Existen registros del siglo XVI que mencionan al menos tres tipos de perros en el territorio mesoamericano: el perro común, el tlatchichi (también conocido como techichi), de cuerpo bajo y patas cortas —engordado con fines alimenticios, según se aprecia en el Códice Florentino—, y el xoloitzcuintli, un perro más alto, sin pelo y con fuerte carga simbólica.
El xoloitzcuintli no solo era un animal doméstico, sino que representaba al dios Xólotl, asociado al atardecer, la noche y el inframundo. En la cosmovisión mesoamericana, este perro tenía la misión de guiar las almas de los muertos hacia el más allá, por lo que frecuentemente se le encuentra en contextos funerarios, códices, esculturas y otros elementos arqueológicos.
Desde la época prehispánica hasta nuestros días, el perro ha mantenido su relevancia. Hoy, además de ser una presencia querida en los hogares, cumple funciones terapéuticas, de apoyo emocional y labores especializadas como perro guía o de asistencia.



























