Joya mesoamericana en Tlaxcala

La Zona Arqueológica de Cacaxtla cumple 50 años de su descubrimiento, consolidándose como una de las joyas más importantes del Epiclásico mesoamericano. Este sitio, ubicado en el territorio que hoy conforman Tlaxcala y Puebla, fue una poderosa urbe política, militar y económica que alcanzó su esplendor entre los años 650 y 900 d.C.

Fundada por los olmeca-xicalancas, Cacaxtla heredó el control político de la región poblano-tlaxcalteca tras el declive de Cholula. Su posición estratégica y sus rutas comerciales le permitieron establecer vínculos con el Golfo de México y la cuenca de México, generando gran riqueza y un papel protagónico en el desarrollo de Mesoamérica.

Entre sus vestigios más notables se encuentra el Gran Basamento, un complejo monumental con adoratorios, plataformas y pirámides que resguarda murales considerados únicos en su género. Estas obras, que han perdurado gracias a su sistema constructivo y a la techumbre protectora instalada en los años ochenta, muestran escenas de guerra, religión, naturaleza y mitología, plasmadas con vivos colores rojo, azul, amarillo, negro y blanco. Sus trazos revelan influencias mayas y teotihuacanas, convirtiéndolos en testimonios excepcionales de la cosmovisión prehispánica.

A medio siglo de su hallazgo, Cacaxtla sigue siendo un referente cultural y arqueológico que conserva secretos aún por descifrar. Su valor radica no solo en la riqueza material de sus vestigios, sino en el testimonio vivo que ofrece sobre la diversidad y grandeza del pasado prehispánico de México.

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