El pinole de Irma Álvarez Mena en la Feria de Tlaxcala

En uno de los pasillos artesanales de la Feria de Tlaxcala, entre aromas de cacao y canela, se encuentra el puesto de Irma Álvarez Mena, originaria de Zacatelco, quien desde hace años mantiene viva una de las tradiciones más dulces y antiguas del estado: el pinole.

Con una sonrisa cálida y manos que guardan la memoria de su madre, Irma explica que su propósito va más allá de vender: “lo que quiero es que la gente lo conozca y no lo olvide”.

El pinole, explica, es una golosina natural que se elabora con maíz dorado, canela, anís y ralladura de cáscara de naranja seca, ingredientes que después se muelen y se mezclan con azúcar. “Antes no había tantas golosinas como ahora, recuerda, y el pinole era lo que comíamos los niños. Mi mamá lo preparaba en Semana Santa y lo guardábamos para comerlo como un dulce”.

Además de su tradicional pinole, Irma ofrece polvos de maíz azul con cacao, canela y anís para preparar champurrado, un atole típico que se acostumbra colocar en las ofrendas durante el Día de Muertos. “La idea es facilitarle a la gente la preparación, para que no se pierda la costumbre de hacer el atole de champurrado con cacao natural”, comenta mientras muestra orgullosa su mezcla lista para disolver en agua hirviendo.

Su entusiasmo por preservar las costumbres familiares se extiende a su hermana, quien prepara tamales de ayocote con mole y tamales de verdura con flor de calabaza, chícharo y queso. Ambas comparten el espacio en la feria, uniendo sabores y recuerdos que evocan el calor de hogar.

A pesar de no tener un negocio formal, Irma celebra poder encontrarse con quienes aún valoran estos sabores tradicionales. “A veces llega gente joven que me dice ‘a mí me encanta el pinole’, y me da mucho gusto ver que todavía hay quien lo disfruta. No busco que me compren, sino que lo prueben, que lo conozcan y lo sigan preparando en sus casas”.

Entre cada cucharada de pinole y cada historia que comparte, Irma Álvarez Mena endulza algo más que el paladar: preserva la memoria viva de las cocinas tlaxcaltecas y el cariño por lo hecho con las manos y el corazón.

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