La democracia mexicana atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Lo que durante décadas costó construir con el esfuerzo de millones de ciudadanos, instituciones, activistas y fuerzas políticas hoy enfrenta una amenaza real: la concentración del poder y el debilitamiento sistemático de los órganos autónomos que garantizan equilibrio, legalidad y certeza en nuestro país.

La reciente imposición de tres nuevos consejeros del Instituto Nacional Electoral no puede verse como un hecho aislado. Se trata de una decisión profundamente política que confirma la intención del oficialismo de avanzar sobre las instituciones que deberían mantenerse independientes del gobierno. Morena utilizó su mayoría para imponer perfiles sin consenso, sin diálogo y sin escuchar las voces de quienes advertimos el grave riesgo que esto representa para la democracia mexicana.

El INE no nació para servir al gobierno en turno. Nació precisamente para evitar que el gobierno controlara las elecciones. Esa fue la gran lucha democrática de México durante décadas: construir un árbitro electoral confiable, autónomo y ciudadano que garantizara condiciones equitativas para todos.

Por eso preocupa profundamente que hoy se busque convertir al árbitro electoral en una extensión política del oficialismo.

Cuando un gobierno decide quién organiza, vigila y califica las elecciones, la democracia deja de tener piso parejo. Se rompe la confianza ciudadana y se manda un mensaje muy peligroso: que el poder ya no quiere contrapesos, sino obediencia.

La autonomía del INE no es un privilegio burocrático ni un capricho legal. Es una garantía constitucional diseñada para proteger el voto de las y los mexicanos. Debilitar esa autonomía significa debilitar la voz ciudadana.

Y aunque algunos intenten minimizarlo, el problema no es solamente quién llega al Consejo General, sino el contexto político que rodea estas decisiones. Hoy vemos un país donde las instituciones autónomas son constantemente atacadas, donde se descalifica a quienes piensan distinto y donde se busca centralizar el poder bajo una sola narrativa política.

 

México necesita exactamente lo contrario.

Necesita instituciones fuertes, árbitros independientes y una democracia donde todas las voces puedan competir en igualdad de condiciones.

En medio de este escenario, es importante reconocer a quienes sí han levantado la voz con firmeza y responsabilidad. El PRI nacional, encabezado por Alejandro Moreno Cárdenas, fijó una postura clara y contundente contra esta imposición. Lo hizo defendiendo principios democráticos y entendiendo que el silencio frente al debilitamiento institucional también es una forma de complicidad.

Muchos podrán coincidir o no con el PRI, pero nadie puede negar que hoy existe una oposición que está dando la batalla para evitar que México retroceda a los tiempos donde el gobierno controlaba absolutamente todo.

Defender al INE no es defender a un partido. Es defender el derecho de cada ciudadano a votar en libertad y a confiar en que su voto será respetado.

Por eso, desde Tlaxcala, retomamos con claridad esta línea nacional y alzamos la voz para advertir que la democracia no puede darse por sentada. Las libertades que hoy tenemos costaron años de lucha, generaciones enteras de mexicanos que exigieron elecciones limpias y gobiernos limitados por la ley.

La ciudadanía debe comprender que cuando se debilita a las instituciones, tarde o temprano se debilitan también los derechos de las personas.

 

No podemos acostumbrarnos a la imposición.

No podemos normalizar que las decisiones trascendentales se tomen sin consenso.

No podemos permitir que la autonomía constitucional se convierta en simulación.

Hoy más que nunca México necesita ciudadanos participativos, críticos y conscientes. Necesitamos sociedad organizada, jóvenes involucrados, mujeres y hombres comprometidos con la defensa democrática y con la construcción de un país donde las instituciones sirvan a la gente y no al poder político.

También es momento de reconocer el trabajo territorial, político y social que miles de priistas realizan diariamente en cada municipio, comunidad y colonia del país. Mientras algunos destruyen instituciones, el PRI continúa trabajando, organizándose y defendiendo causas ciudadanas.

Hay quienes quisieran ver a la oposición callada o dividida, pero el PRI ha entendido que este momento exige responsabilidad histórica, unidad y firmeza para defender a México.

 

La democracia no se defiende sola.

Las instituciones no sobreviven por inercia.

Y la libertad jamás está garantizada para siempre.

 

Por eso debemos actuar ahora, levantar la voz y participar.

Porque el futuro democrático de México no puede quedar en manos de quienes quieren controlar al árbitro electoral.

 

Defender al INE es defender la libertad.

Defender la autonomía es defender el voto.

Defender la democracia es defender a México.

 

Y en esa tarea, el PRI seguirá presente, dando la batalla por las instituciones, por el equilibrio de poderes y por las familias mexicanas.

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