Enrique Padilla Sánchez
Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI Tlaxcala
En tiempos electorales es común escuchar voces que intentan dar por definidos los escenarios políticos futuros. Sin embargo, la democracia ha demostrado una y otra vez que la última palabra siempre la tiene la ciudadanía. Ninguna elección se gana con anticipación y ningún proyecto político puede asumir que cuenta con el respaldo permanente de la gente.
Hoy observamos cómo muchos actores políticos recorren comunidades, visitan mercados, participan en eventos públicos y buscan acercarse a la población. Lo deseable sería que esa cercanía existiera durante todo el tiempo y no únicamente cuando se aproximan los procesos electorales. La ciudadanía es cada vez más crítica y distingue entre quienes han trabajado de manera constante y quienes aparecen solamente cuando hay intereses políticos en juego.
Los ciudadanos también han aprendido a evaluar resultados. Las promesas pueden generar expectativas, pero son los hechos los que generan confianza. Por ello, existe un creciente cansancio frente a los discursos que ofrecen soluciones inmediatas y transformaciones espectaculares que después no se reflejan en la realidad cotidiana de las familias.
La seguridad, la salud, el empleo, la economía familiar, la infraestructura y los servicios públicos siguen siendo las principales preocupaciones de la población. Ahí es donde los gobiernos son evaluados y donde los partidos políticos deben demostrar su capacidad para responder con eficacia.
Los recientes resultados electorales en Coahuila muestran que el PRI sigue siendo una fuerza política vigente, competitiva y en crecimiento. Más allá de colores o simpatías, estos resultados evidencian que la ciudadanía sigue valorando la experiencia, la capacidad de gobierno y los proyectos que ofrecen certidumbre frente a la improvisación.
También es momento de reflexionar sobre el oportunismo político que con frecuencia aparece en tiempos de sucesión. Hay quienes cambian de discurso, de postura o incluso de partido según la conveniencia del momento. La pluralidad es legítima y la evolución política también, pero la ciudadanía merece congruencia, principios y convicciones, no decisiones motivadas únicamente por la búsqueda de una candidatura o de un cargo público.
En Tlaxcala ya comienzan a perfilarse los distintos proyectos rumbo a los próximos procesos electorales. Será una etapa en la que abundarán las promesas, los recorridos y las estrategias de posicionamiento. Sin embargo, el verdadero reto será convencer a una sociedad cada vez más informada, más participativa y más exigente.
La política debe recuperar su esencia de servicio. Debe construirse desde el trabajo, la cercanía con la gente y la capacidad de generar resultados. Quien aspire a representar a la ciudadanía tendrá que demostrar con hechos que está preparado para asumir esa responsabilidad.
Porque al final, ni las encuestas, ni las campañas adelantadas, ni las percepciones momentáneas deciden una elección. La decisión la toman las y los ciudadanos en las urnas.
Y la historia nos ha enseñado que en México y en Tlaxcala, como en los grandes desafíos, todo se juega hasta el último minuto.







