El rey Carlos III tomó medidas sin precedentes contra su hermano, el príncipe Andrés, al despojarlo de todos sus títulos reales y desalojarlo de su residencia oficial. La decisión, anunciada este jueves desde el Palacio de Buckingham, responde a la creciente presión por la relación del príncipe con el delincuente sexual Jeffrey Epstein. Con efecto inmediato, Andrés perderá su tratamiento protocolario y se mudará a una vivienda privada.

La medida representa la sanción más severa impuesta a un miembro de la familia real en tiempos modernos. Andrés, que ahora deberá usar el nombre civil Andrés Mountbatten Windsor, enfrentaba nuevas críticas tras revelarse que mantuvo contacto con Epstein por más tiempo del que había admitido públicamente.

El comunicado oficial del palacio señaló que estas «censuras se consideran necesarias», a pesar de que Andrés continúa negando las acusaciones en su contra. La corona enfatizó que su «compasión y máximas simpatías han estado, y permanecerán, con las víctimas y sobrevivientes de cualquier y toda forma de abuso».

La decisión real llega semanas después de que Andrés renunciara voluntariamente a su título de duque de York. Sin embargo, el monarca optó por una acción más contundente que incluye la eliminación del título de príncipe que ostentaba desde su nacimiento.

Las nuevas revelaciones incluyen correos electrónicos que demostraban la prolongada relación entre Andrés y Epstein, seguidos por la publicación póstuma de las memorias de Virginia Roberts Giuffre. En «Nobody’s Girl», la víctima detalló tres encuentros sexuales supuestos con el príncipe cuando ella tenía 17 años.

Giuffre, quien se suicidó en abril a los 41 años, había demandado civilmente a Andrés en 2022. El príncipe llegó a un acuerdo extrajudicial millonario sin admitir culpabilidad, aunque reconoció el sufrimiento de Giuffre como víctima de tráfico sexual.

Andrés, de 65 años, deberá abandonar la mansión de 30 habitaciones en Royal Lodge donde residía con su exesposa Sarah Ferguson. Se espera su reubicación en una propiedad más modesta dentro de la finca Sandringham, con apoyo financiero privado de su hermano.

Esta medida marca un punto de inflexión en la relación entre la corona y su miembro más polémico, reflejando la determinación de Carlos III por proteger la imagen de la monarquía británica.