Un mes después del inicio del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, la situación en el estrecho de Ormuz ha generado un impacto económico mundial. Irán, pese a los constantes bombardeos, mantiene capacidad de ataque con misiles y drones, además de controlar el tránsito de petróleo en la región.

El bloqueo ha provocado un aumento en los precios internacionales del crudo, caída en las bolsas y encarecimiento de productos básicos. Los países asiáticos, principales consumidores del petróleo que transita por el estrecho, son los más afectados, aunque Europa y Estados Unidos también enfrentan incrementos en gasolina y bienes de consumo.

Irán ha adoptado tácticas insurgentes para prolongar el conflicto, como el uso de lanzadores móviles y bases subterráneas que dificultan los ataques aéreos. Estas estrategias, conocidas como “disparar y huir”, han sido utilizadas por grupos aliados como los hutíes en Yemen y milicias chiíes en Irak.

A pesar de la destrucción de gran parte de su armada, Teherán conserva un arsenal suficiente para mantener presión en la región y sostener el bloqueo del estrecho. Analistas señalan que su objetivo principal es sobrevivir al conflicto para proclamar una victoria política.

La presión económica afecta directamente al presidente estadounidense, quien enfrenta críticas por el aumento del costo de vida previo a las elecciones de medio término. Washington ha desplegado más tropas y fijado plazos para que Irán reabra el estrecho, advirtiendo con intensificar los ataques si no se cumple.

En el interior de Irán, la población enfrenta dificultades y protestas, mientras la Guardia Revolucionaria mantiene control mediante la fuerza Basij. La ausencia pública de Mojtaba Khamenei, líder supremo, genera incertidumbre sobre la cohesión del mando político y militar.