El papa León XIV y la nueva arzobispa de Canterbury, Sara Mullally, se reunieron por primera vez este lunes en Roma, donde los líderes acordaron fortalecer la unidad cristiana.
Los dos líderes se reunieron en privado en el Palacio Apostólico antes de dirigirse a una capilla del siglo XVII donde recitaron oraciones al unísono.
Durante la audiencia, el pontífice enfatizó la importancia de mantener abiertos los canales de diálogo entre católicos y anglicanos, en un contexto marcado por desafíos contemporáneos que dificultan avanzar hacia la plena comunión entre ambas tradiciones cristianas.
“Si bien nuestro mundo que sufre necesita urgentemente la paz de Cristo, las divisiones entre los cristianos debilitan nuestra capacidad para llevarla con eficacia. Para que el mundo reciba con agrado nuestra predicación, debemos, por lo tanto, perseverar en la oración y en el esfuerzo por eliminar cualquier obstáculo que impida la proclamación del Evangelio”, añadió León XIV.
Asimismo, reconoció que, aunque “se ha avanzado mucho en algunos temas históricamente divisivos, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas que dificultan discernir el camino hacia la comunión plena”.
Por su parte, Mullally agradeció a León su contundente estilo de hablar. Previo a la reunión, la arzobispa de Canterbury emitió un comunicado de solidaridad con el pontífice en lo que llamó “su valiente llamado al reino de la paz” tras los ataques del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aunque no lo mencionó.
Cabe mencionar que los anglicanos no reconocen la autoridad del papa, ya que el máximo líder de la Iglesia anglicana es el monarca británico; además, tampoco aceptan los dogmas de la Virgen María, así como sus religiosos no respetan el celibato. Otra diferencia es que la Iglesia Anglicana, en 1992, aprobó la ordenación sacerdotal de las mujeres.
Asimismo, hay que recordar que Mullally, la primera mujer en alcanzar el primado de la Iglesia Anglicana en sus casi 500 años de historia, fue proclamada líder del anglicanismo mundial —una fe que profesan 97 millones de personas en el mundo— el pasado 25 de marzo y llegó a Roma para una estancia de cuatro días.















