La víspera del arranque de la Copa del Mundo de la FIFA ha quedado marcada por una alta carga de tensión geopolítica y decisiones de escritorios. Durante la conferencia de prensa inaugural del torneo, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, rompió el silencio para abordar los dos escándalos migratorios más grandes del certamen: las severas restricciones a la delegación de Irán y la polémica expulsión del árbitro africano Omar Abdulkadir Artan.

Respecto a la Selección de Irán, escuadra que se vio obligada a establecer su búnker de entrenamiento en la frontera de Tijuana debido al conflicto diplomático con el gobierno estadounidense, Infantino se mostró sumamente entusiasmado por haber rescatado su participación y presumió con orgullo haber liderado las complejas negociaciones comerciales y políticas.

«Esto es el espíritu del fútbol: la gente debería enfocarse en los partidos. Así que estoy feliz de que logramos que Irán juegue esta Copa del Mundo. Estoy orgulloso y agradecido con la organización de los tres países (México, EE. UU. y Canadá) por haber cooperado. Logramos que Irán juegue en Estados Unidos y no sé quién más podría haberlo logrado», disparó de forma contundente el mandatario de la FIFA.

La cara opuesta de la moneda se presentó cuando el dirigente de origen suizo fue cuestionado severamente por la prensa internacional sobre el caso de Omar Abdulkadir Artan. Al considerado mejor árbitro de África en 2025 se le negó el acceso en el aeropuerto de Miami por instrucciones de la administración de Donald Trump, arruinando su sueño de convertirse en el primer somalí en dirigir en una justa mundialista.