La FIFA se vio obligada a apagar un incendio diplomático y de relaciones públicas en plena Copa del Mundo. Tras una oleada de polémicas y quejas por parte de la prensa internacional, el máximo organismo rector del fútbol corrigió sus protocolos de comunicación y habilitó formalmente el idioma español en el sistema de traducción para todas las conferencias de prensa del certamen.
El reglamento original del torneo estipulaba de forma estricta que las preguntas debían formularse exclusivamente en inglés o en las lenguas nativas de las dos selecciones que disputaban cada encuentro. Esta normativa provocó situaciones absurdas en los primeros días de competencia, especialmente al tratarse de un Mundial donde México funge como uno de los tres países coorganizadores.
La gota que derramó el vaso ocurrió durante las comparecencias de las estrellas internacionales Vinícius Jr. (Brasil), Achraf Hakimi (Marruecos) y Frenkie de Jong (Países Bajos). En los tres casos, reporteros de habla hispana intentaron cuestionar a los futbolistas en castellano; aunque los jugadores mostraron total disposición para responder, los comisarios de la FIFA los frenaron en seco argumentando la falta de traductores oficiales en la sala.
Los videos de los oficiales de la FIFA interrumpiendo a los periodistas y censurando el uso del español se volvieron virales en cuestión de minutos, desatando una fuerte indignación en las redes sociales. La afición y la prensa criticaron fuertemente la falta de planeación y la incongruencia de «prohibir» el idioma en territorio mexicano, uno de los epicentros de la justa mundialista.
Ante la crisis mediática, la FIFA emitió un comunicado defendiéndose y asegurando que «nunca existió una prohibición real contra el castellano», justificando que el servicio técnico siempre estuvo garantizado para los partidos de las selecciones hispanohablantes.



















