Rusia lanzó un nuevo ataque contra la capital de Ucrania que afectó una de las catedrales más emblemáticas de la ciudad, apenas unas horas antes del inicio de la cumbre del G7 en la localidad francesa de Évian en la que participa el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
El ataque ocurrió la madrugada de este lunes, con más de 60 misiles y drones. Por los hechos, cinco personas murieron en la capital, mientras que otros cinco rescatistas fallecieron mientras trabajaban en una infraestructura industrial que ya había sido alcanzada unos minutos antes.
Ante ello, el ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, dijo en su cuenta de X que el ataque es “un mensaje” del presidente ruso, Vladímir Putin, al G7 que deja claro a las democracias más industrializadas del mundo su “apuesta por el terror en vez de por la diplomacia”.
Los bombardeos afectaron la catedral de la Dormición de Kiev, un templo de importancia capital tanto para la religión ortodoxa como para la historia de Ucrania que forma parte del monasterio de las Cuevas, cuya historia data del siglo XI.
En ese sentido, Sibiga llegó a comparar a Rusia con el Estado Islámico (EI) por la destrucción deliberada de patrimonio histórico considerado herético por la que es conocido este grupo extremista musulmán.
Por su parte, Zelenski dijo que el ataque al monasterio de las Cuevas es “un ataque a la comunidad cristiana y al patrimonio cultural de la humanidad”, y pidió que “el mundo no permanezca en silencio a este último acto ruso de barbarie”.
En dicho contexto, el ministro de Exteriores ucraniano coincidió con Zelenski en reclamar al G7 una reacción contundente al ataque que se traduzca en más presión para Rusia y medios adicionales de defensa aérea para Ucrania, que es particularmente vulnerable a los misiles balísticos rusos.
















