Hay opiniones divididas en cuanto al destino se refiere, hay quienes aseguran que lo tenemos marcado desde nuestra propia existencia, también hay quienes refieren que cada uno va labrando su propio camino y que nuestras acciones nos llevan al fracaso o al éxito, todo depende de las decisiones que vayamos tomando a través de nuestra vida. Hasta ahí todo parece razonable, pero sin duda hay cosas que se salen completamente de toda proporción y que no se sabe ni se sabrá por qué ocurren.

Me refiero específicamente a lo ocurrido este 19 de septiembre, donde un sismo de 7.1 grados de intensidad, con epicentro en los límites de Morelos y Puebla, colapsó el centro del país, y donde las pérdidas más allá de lo material, han sido un golpe significativo para los mexicanos, sin embargo la pregunta sería ¿Por qué justamente un 19 de septiembre como aquél de 1985? ¿Por qué el mismo día que hace 32 años?.

Es ahí cuando hablar del destino recobra fuerza y sencillamente no hay explicación alguna. Lo cierto es que ante un suceso como este, nos muestra a los humanos en nuestra real dimensión, nos hace vulnerables, no hay poder humano que no se cimbre ante una catástrofe o ante una fenómeno natural como el ocurrido.

Ver imágenes por doquier, de edificios derrumbados, de personas atrapadas entre los escombros, de gente que no puede contener una crisis nerviosa, sin duda nos hace reflexionar sobre lo complejo que resulta actuar ante un hecho desastroso. Niños, adultos mayores, jóvenes, adultos, todos tratando de encontrar una explicación, pero ante la realidad, solo queda resignación.

Cuando parecía que había quedado atrás el trago amargo de un terremoto el pasado 7 de septiembre, con afectaciones en Tabasco, Chiapas y Oaxaca, nuevamente la fuerza de la naturaleza sacude al pueblo mexicano y con más fuerza aún, si saber cuánto tiempo llevará resurgir de las cenizas a las personas afectadas.

A diferencia de hace 32 años, hoy la tecnología juega un factor preponderante para tener evidencias de los hechos y sobre todo para poder auxiliar a las personas afectadas, pero también significa una gran responsabilidad sobre lo que publicamos, compartimos o comunicamos, porque ante un mar de información en las redes sociales, se puede originar psicosis, se puede desinformar y en el peor de los casos podemos ocasionar un trastorno principalmente a los menores de edad.

Como mexicanos debemos mostrar unidad, solidaridad y sensibilidad, esto último lo digo por quienes han tenido la oportunidad de ayudar a través de alguna donación, pero que no pierden la oportunidad de tomar un sin número de fotografías para después exhibirlas en sus redes sociales, dejando constancia de que son “almas generosas” y que de ello quede evidencia alguna. No sé ustedes mis queridos lectores, pero se me hace una práctica de mal gusto que a propósito se tengan que sacar decenas de Selfies que avalan la “calidad humana” de las personas.

Creo que las cosas buenas solo se hacen y no es necesario nada más, ni aceptación ni reconocimiento social, las cosas verdaderamente bondadosas surgen del corazón. Ojala todos podamos apoyar con un granito de arena, de acuerdo a nuestras posibilidades, una ayuda que por mínima que esta sea seguramente será muy significativa para quienes más lo necesitan.

Mi querido México está de luto por las pérdidas humanas, pero también es una oportunidad para unirnos y ayudar de muchas maneras a quienes lo requieren. México es más grande que cualquier problema, es tan grande como su historia y deseo con todo el corazón que pronto pase este desagradable momento.

A la memoria de los afectados, mi solidaridad y pronta resignación. México fue sacudido, pero emergerá con mayor fuerza que nunca.

 

Hasta la próxima

✉️ enriquerojas005@gmail.com

Twitter: @enriquerojas05